miércoles, 21 de febrero de 2007

Cuatro bodas y un divorcio

(Octubre 06)


Es el día más feliz de sus vidas. Tras dejar atrás varios años de noviazgo, donde todo es color de rosa, deciden firmar un papelito que por arte de magia se supone les unirá para siempre. Desde ese momento, un futuro aparentemente esperanzador y feliz por vivir, y 40 años por delante para pagar la hipoteca…
Los trajes de los novios que han costado un ojo de la cara; el arroz mezclado con pétalos de rosas a la salida de los novios de la iglesia; el coche de novios adornado con moñas y pitando sin parar; el menú minimalista que cuesta más o menos lo que te gastas en la comida de una o dos semanas comiendo en tu casa; la misa solemne y aburrida en la que se habla sobre el amor y la eternidad y sobre los deberes y obligaciones del matrimonio (sin apuntar los beneficios económicos o legales que comporta); el cura: “la voluntad, 60 euros”; el pavor que producen los gritos de los invitados al vitorear, primero a los novios y después a cualquiera que se cruce por su alcohólico camino; esa imagen de los novios al más puro estilo ‘Kill Bill” cortando un pastel de varios pisos llenos de bengalas de todo a 100… Es increíble la parafernalia que rodea a las bodas. Y todo esto para después encontrarse con un panorama desolador: más de 200.000 parejas se casan cada año y unas 50.000 se separan.
Nos encontramos con estadísticas que arrojan datos más que escalofriantes. Según desvela el Instituto de Política Familiar en su informe sobre la «Evolución de la Familia», cada día se producen en España 408 rupturas matrimoniales, una cada tres minutos y medio. En 2005 hubo un total de 149.168 rupturas, entre separaciones y divorcios. El número de disoluciones matrimoniales se ha incrementado un 45,7% con respecto al 2000. Desde la entrada en vigor de la ley del divorcio en España, en 1981, se han producido 1.116.426 separaciones y casi 800.000 divorcios, que han afectado a más de 1.500.000 hijos.
El amor es una asignatura pendiente que hay que aprobar todos los días pero, sin duda, el examen más difícil se hace en verano, cuando la convivencia de las parejas pasa por una crucial prueba de fuego, con resultado positivo o negativo, con las vacaciones. Es tiempo para compartir y relajarse junto a la persona amada, pero también puede ser un momento propicio para dejar aflorar todos aquellos conflictos que han sido silenciados durante el ajetreado periodo invernal. Al disponer de más tiempo de lo habitual, salen a la luz las diferencias que durante el resto del año apenas se perciben debido al poco tiempo que la pareja comparte. Si un matrimonio que medio se soporta durante el año se va un mes de vacaciones y se mete en una vivienda mucho más pequeña que la ordinaria puede acabar ‘matándose’. Una de cada tres parejas que se separa rompe su relación al acabar la época estival. Además, el nuevo divorcio exprés roba a los matrimonios la opción de reconciliarse, ya que suprime la separación, que servía como el periodo de reflexión.
Tal y como van las cosas, los expertos auguran que en 2010, por cada boda habrá una ruptura. Visto lo visto, a más de uno se le habrán quitado las ganas de pensar en casarse. Recuerda, aproximadamente en el tiempo que has tardado en leer esta columna, una pareja se ha separado en nuestro país. Impresionante, ¿no?. ¡Y pensar que hay gente que a los pocos meses de conocerse se casan! Por cierto, enhorabuena a todos aquellos que cumplen sus bodas de plata o más aún las de oro, porque eso es todo un mérito hoy día.

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