(Marzo 06)
Permítanme que ponga esta vez el grito en el cielo sobre un tema que es, desde luego, preocupante. Los españoles leemos poco. Sí, parece que esa cosa con hojas y llena de letras (a veces muy pequeñas) no gusta y da reparo: ¡es que son muchas letras seguidas! Los españoles vamos a la cola en muchos aspectos, pero también al que a la lectura se refiere. Además, somos conscientes de ello: casi tres cuartas partes de la población considera que en nuestro país se lee poco, y los que declaran no leer dicen que no lo hacen porque no les interesa y porque no disponen del tiempo suficiente. Estamos, sin duda, ante un gravísimo problema. La lectura es un pilar fundamental de nuestra cultura personal y de nuestros conocimientos, y estamos renegando a ella.
Pero no sólo leemos pocos libros. Los periódicos también son las víctimas de nuestra pasividad ante la lectura. Estamos a la cola de Europa en la venta de periódicos. En España se vende un periódico por cada diez ciudadanos. El índice de difusión de prensa en España se situaba, en 2004, en menos de cien ejemplares vendidos por cada 1.000 habitantes. Se trata de un nivel muy modesto, incluso francamente decepcionante. El último promedio de la Unión Europea superaba el nivel 200, duplicando sobradamente el dato nacional. Algunos comentan que la prensa escrita es ya un cadáver que todavía está caliente... (nada más pensarlo me entran escalofríos). Con todo esto, si se venden cada vez menos periódicos, ¿cómo será el futuro de aquellos periodistas (y me incluyo yo, aunque lo sea en ciernes) dedicados a la prensa escrita? Desde luego que no hay que ser vidente para pronosticar que no muy halagüeño.
Con este panorama, el medio escrito tiene que someterse a unos cambios sustanciales y planificar nuevas estrategias. Ya estamos comprobando varias de ellas: la más visible es la presencia de multitud de objetos y trastos insospechados, algunos de ellos nada útiles, que se regalan, ofertan o promocionan con la compra de periódicos: cajitas de porcelana, cámaras digitales, botellas de vino, coches en miniatura, vasos, platos, cubiertos, libros... Lo más impresionante de esto es que las ventas del periódico aumentan con estas promociones y se reducen cuando acaban. La gente compra los diarios, en ocasiones, por el objeto que éste trae, llegando incluso a abandonar o tirar dicho periódico porque esas hojas de papel no es lo interesante.
Desde hace ya algunos años estamos viviendo una auténtica revolución multimedia. En un mundo en el que la imagen está destronando a la palabra, el homo sapiens, producto de la cultura escrita y lo inteligible, está siendo desplazado por el “homo videns” que está poseído por lo audiovisual y lo tecnológico y que tiene una excesiva dependencia por la imagen. Una explicación a todo esto podría ser que los medios audiovisuales son más cómodos. Es más fácil ponerse ante un televisor sentado en un sofá y escuchar y ver todo lo que por el aparato salga, que coger un libro y empezar a leerlo, sobre todo cuando éste trata temas que son poco atractivos (lo que no quiere decir que no sean importantes) o tiene demasiadas páginas y una letra pequeña. Los niños que hoy crecen bajo el estímulo de 5 o 6 horas diarias de televisión, devendrán en adultos sordos de por vida para la lectura y la palabra escrita.
No sabemos si este boom tecnológico en el cual estamos inmersos es positivo pero de lo que sí estamos seguros es de que está presente en nuestro alrededor y no podemos permanecer impasibles a él. Y es que la sociedad multimedia no tiene freno...
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