(Enero 06)
Pensando en posibles temas de los que hablar en esta columna, llegué a la conclusión de que uno de ellos seguro lo tenía que tratar. Y es que por unas razones o por otras el tabaco está de moda (ya llegará el momento en el que no lo esté). Después de haber oído hablar de ella, después de que los medios de comunicación nos hayan saturado de tanta información y de habernos alarmado en ocasiones, por fin llegó la ley. Desde el comienzo del presente año las cosas en teoría tienen que empezar a cambiar o, al menos, deberían de hacerlo. Llega una ley un tanto polémica y brumosa, que trae consigo un mar de dudas y paradojas, y que se encuentra salpicada de la sombra de la doble moral que existe en el tema del tabaco. Llega la tan temida para algunos “Ley Antitabaco”.
Prohibido fumar. Prohibido fumar en el trabajo. Prohibido fumar en los bares. Prohibido fumar en las estaciones de autobús... es, sin duda, los que más vamos a escuchar a partir de ahora. Desde luego, los más “perjudicados” con esta ley van a ser los fumadores, nada menos que el 31% de la población española, que van a tener que hacer malabares para poder fumar un cigarro, no sólo porque se van a reducir los espacios en los cuales poder fumar, sino que los lugares donde poder adquirir tabaco se van a reducir a dos: máquinas expendedoras y estancos.
Vale, visto lo que se avecina, lo mejor sería pensar en dejar de fumar. ¿Pero cómo? No es ningún secreto, pero el tabaco se encuentra manipulado para hacerlo más adictivo. Cada cigarrillo contiene, entre otras porquerías, cianuro de hidrógeno, el agente de las cámaras de gas; un 8% de materia húmeda sobre alquitrán, que es lo que mancha los dientes y las manos; acetona, utilizada como quita esmalte y como pegamento; butano; polonio 210 que es un residuo nuclear...; y muchos otros componentes, algunos de ellos desconocidos, que hacen que la adicción al tabaco sea más fuerte si cabe. Visto lo visto, dejar de fumar se convierte en una tarea bastante difícil, aunque no imposible. Además, a todo esto se le añade otro factor importante, el grandísimo estrés de la rutina diaria, que se convierte en el compañero perfecto para la adicción al tabaco.
Pero el asunto del tabaco encierra en sí la eterna contradicción. Por un lado, el Estado prohíbe su consumo y lo limita cada vez más; pero por otro, el tabaco se convierte en una buena fuente de ingresos para las arcas públicas: éstas ingresan cada año más de 7407 millones de euros de los impuestos procedentes del tabaco. El 72% del precio de una cajetilla de tabaco son impuestos y su consumo financia nada menos que el 50% de la Sanidad Pública. Además, se está incentivando el consumo con nuevas marcas baratas que están al alcance de los más jóvenes, con lo que el consumo aumenta más si cabe.
Otro aspecto importante es si la implantación de ley traerá consigo resultados positivos o, simplemente, si servirá para algo. De momento no se tienen datos alentadores: en los primeros nueve meses del pasado año se vendieron 57 millones de cajetillas más que en el mismo periodo de 2004 y el consumo de tabaco entre los jóvenes ha aumentado un 30%. De todas formas, seguro que hay fumadores que han optado por seguir fumando en aquellos lugares donde antes lo solían hacer, jugándose así una multa por la tan osada acción. El morbo de ir en contra de lo establecido siempre ha existido y lo estamos comprobando. En fin, veremos.
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