(Diciembre 06)
Sí, no me he vuelto loco. Navidad se escribe con una gran C mayúscula, de Consumo. Estamos inmersos en una época marcadamente consumista. Cada año se repite la misma historia al llegar la Navidad: las compras compulsivas, el despilfarro, las cestas de la compra llenas, los regalos y las comidas copiosas. La gran fiesta del consumo ya está aquí.
La Navidad se ha ido alejando de todo lo que significa verdaderamente (la solidaridad, el amor, la paz…) y ha ido sufriendo una serie de cambios gracias a la ‘maravillosa’ y pérfida sociedad del consumo en la que vivimos. Se ha conseguido solapar y enterrar de forma precisa el verdadero mensaje de estas fechas.
Lo más curioso es que lleva siendo Navidad desde hace dos meses. De eso se han encargado de recordárnoslo los supermercados y las grandes superficies con los adornitos y productos navideños colocados en sus establecimientos a mediados de octubre. ¡Con el calor que ha hecho en esas fechas! Parecen decirnos sin piedad: “Cómprame, cómprame” Poco más y acaba el verano y ya tenemos las bolitas y los espumillones en los comercios y en las calles.
Según las previsiones, en cada hogar se gastará una media de 904 euros durante estas próximas fiestas, un 6% más que el año pasado. Esta media es superior a la europea, que se sitúa en 662 euros. La compra de regalos y juguetes constituirá el primer motivo de gasto, el 57% del total, con una media de 244 euros por persona. En comida nos gastaremos 227 euros.
Fíjense en los límites tan crueles a los que llega el sistema: en estas fechas es algo normal que suban los precios de los productos que después como tontos compraremos. Se suben porque hay más demanda y se aprovechan de ello. Todos haremos la mayor parte de nuestras compras en diciembre. Así, llegaremos a enero hasta el cuello. Por eso, en ese mes caerán de nuevo los precios para poder seguir gastando lo poco que nos quede –un ejemplo de ello son las rebajas de enero-. En febrero, que ya tendremos fresquita y recién cobrada la nómina de enero, los precios volverán a subir para que sigamos gastando. Y vuelta a empezar.
¿Y qué haría el consumo sin la publicidad? Nada. Que todo esto funcione va a depender en gran medida de la ‘inestimable’ ayuda de la publicidad. Turrones, cava, perfumes, juguetes, móviles y lotería son los contenidos de los anuncios que dos meses antes de Navidad nos bombardean y crean en nosotros necesidades innecesarias. Mención especial requieren los anuncios de juguetes, que son de lo más variado. Recurriendo a multitud de técnicas que manejan el color, el sonido, la imagen y rimas fáciles, intentan vender muñecas -que hacen sus necesidades, hablan, lloran, piden que se les dé de comer…- videoconsolas, coches teledirigidos, juegos de mesa... Estos anuncios suponen todo un trauma. Para los padres, por tener que aguantar que sus hijos les den la lata dos meses enteros. Para los hijos, por tener que estar recordándoselo día si y día también a sus progenitores y por guardarse las ganas durante dos meses (para que luego no les compren lo que querían…)
El concepto de Navidad no se entendería como tal sin la lotería. Todos los años igual. Los niños de San Ildefonso cantando los numeritos. Después, viene la alegría de unos… y la envidia de otros. La inversión en lotería será de unos 129 euros por persona este año. Por cierto, ¿dónde se ha metido el calvo del anuncio?En definitiva, como popularmente se dice: “La Navidad la inventó ‘El Corte Inglés’. Y ahora, consuman. ¡Feliz Navidad!
No hay comentarios:
Publicar un comentario