(mayo 2007)
Se llamará Sofía, como su abuela. El nuevo vástago de los príncipes de Asturias ya está en el mundo. Sé que tengo la exclusiva, es otra infanta. Enhorabuena al príncipe y a la princesa-periodista conversa a la monarquía, y por supuesto, enhorabuena a todos los españoles, porque ya hay otra boca que alimentar entre todos.
Este ‘acontecimiento’ natalicio me hace reflexionar sobre la Monarquía. Monarquía… Esta palabra me recuerda a algo arcaico y perteneciente a otras épocas… Retrocedo en el tiempo y me sitúo en plena Edad Media. Pero no, estamos en el siglo XXI. Es un anacronismo, es un cuento de hadas.
Es un cuento de hadas relatado y alimentado a cada instante por los programas del corazón, que hablan del asunto dando detalles intrascendentales que llegan a empachar, ya que realmente hay poco que contar.
Es un cuento de hadas donde el único hijo varón del rey, el principito, conoce a una periodista que presentaba el Telediario, se casa con ella por todo lo alto y tienen infantitas (más monas ellas…) Todo es felicidad y alegría en un contexto democrático, en el que existe una institución que contempla un cargo hereditario, que va en contra de los principios democráticos.
Es un cuento de hadas donde el machismo sigue existiendo, concretamente en un artículo de nuestra Constitución, el 57, referido a la sucesión en la Corona. Al ser niñas las dos hijas de los herederos, la reforma de la Carta Magna no corre tanta prisa, pero sigue pendiente. En la sociedad de igualdad en la que vivimos no debe haber ninguna preferencia del hombre sobre la mujer y no es justo que en pleno siglo XXI se excluya a la mujer del trono por el simple hecho de ser mujer. Pero parece que no hay demasiada predisposición por parte de nuestros gobernantes para llevar a cabo la reforma, entre otras porque el proceso a seguir es un auténtico “follón”.
Es un cuento de hadas donde sus protagonistas viajan mucho, más que el mismísimo ‘Willy Fogg’, que al lado de ellos el viaje más largo que hace tiene como destino la vuelta de la esquina. Los Reyes y los Príncipes han llevado a cabo durante 2006 más de 500 actos incluidos en su agenda. Juntos, han sumado más de 300 000 kilómetros, o lo que es lo mismo, han dado casi ocho veces la vuelta al mundo y han realizado un total de 37 viajes a una treintena de países.
Es un cuento de hadas que tiene un precio. La Familia Real nos cuesta a los españoles más de 8’7 millones de euros al año. Usted pone 20 céntimos, yo pongo otros 20, el resto de los españoles lo mismo y así entre todos contribuimos para su sustento.
Es un cuento de hadas en pleno siglo XXI. Volviendo a la realidad, sabemos que el sistema democrático no es en absoluto perfecto, pero es el sistema menos malo de los que existen. Sería aún mejor si tuviéramos la posibilidad de elegirlo todo, incluso a nuestro Jefe de Estado.
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