viernes, 27 de julio de 2007

De 'progres', nada

(agosto 2007)

La sociedad española ha experimentado cambios sociales de gran calado. Las mentalidades salidas del agujero franquista han ido evolucionando y cambiando y en pleno siglo XXI, aparentemente vivimos en una sociedad igualitaria, justa, donde se respeta y tolera al prójimo. Pero, una vez más, todo resulta ser un espejismo.
Me asusto y sorprendo al conocer los resultados de un estudio de la federación andaluza "Colegas”: el 37% de los estudiantes andaluces admiten que les resultaría "difícil o muy difícil" tener amigos que "sean o parezcan" homosexuales. Así que mejor tenerlos lejitos. Los gays y lesbianas son tratados como apestados y parece que no son personas normales. Y sí, señores, son personas… y normales. Presumimos de tener una mente abierta y un carácter liberal pero…. de ‘progres’, nada. Vivimos en una sociedad todavía homófoba, donde choca (y a veces para algunos da ‘asco’) ver a dos personas del mismo sexo pasear por la calle cogidas de la mano o dándose un beso. Es más, a menudo conocemos en los medios de comunicación casos discriminatorios hacia homosexuales.
Más grave es aún que se den rastros de homofobia en nuestro sistema judicial. Un juez dispuso retirar la custodia de dos niñas a una madre lesbiana, y otorgársela a su padre biológico, argumentando que el ambiente homosexual perjudica a los menores y aumenta sensiblemente el riesgo de que éstos también lo sean. Y si lo son (que es discutible), ¿qué problema existiría? Yo que creía que un artículo de nuestra Carta Magna decía algo así como que todos los españoles somos iguales ante la Ley sin que prevalezca discriminación por cualquier condición personal… En lugar de impartir justicia atendiendo a las normas que rigen nuestro Estado de Derecho, se dictan sentencias que mantienen principios morales o religiosos por encima de la libertad y de la ley. Aquí apesta a homofobia.
La Ley de matrimonios homosexuales, aprobada por nuestro Legislador el pasado 2005, supone un gran avance social y sienta las bases del camino hacia la tolerancia. Tal vez sea lo socialmente deseable, pero según las encuestas parece que no molesta que dos personas del mismo sexo se casen. Lo que provoca más recelos es el asunto de adoptar niños. El principal argumento contrario que se da es que la sociedad discriminará a esos niños, que sufrirán humillaciones en el colegio al tener dos padres o dos madres y que no recibirán el mismo cariño que estando con padres de distinto sexo. Pero el cariño que se les dé a los hijos no depende ni del sexo ni de la condición, sino de las personas. En este punto, la educación se convierte en un elemento primordial. Los padres deben educar a sus hijos en valores positivos hacia los homosexuales y enseñarles que es normal que un niño pueda tener dos padres o dos madres, por ejemplo. Pero existe un problema: para inculcar esos valores a los hijos, los padres tienen que creérselos.
Con educación, empeño y abriendo nuestras mentes, entre todos conseguiremos una sociedad más justa, más tolerante y más igualitaria.

martes, 3 de julio de 2007

Formas de pensar

(julio 2007)

En una ocasión, en un debate que hicimos en una ‘lección magistral’ de una asignatura, discutimos acerca de un asunto tan complejo como es el de la inmigración. “España es de los españoles”, apuntó uno. “Los inmigrantes vienen a nuestro país a ocupar los puestos de trabajo que nosotros no queremos”, recriminó otra. No se pueden hacer una idea de lo caldeado que se puso el debate. Al terminar, incluso en los pasillos se seguía discutiendo la cuestión. Esta situación se puede extrapolar a cualquier ámbito de lo social. Los seres humanos, solamente por el hecho de serlo, pensamos de determinada manera. Nuestra forma de pensar se configura con el tiempo al adquirir de nuestro entorno determinados valores y creencias.
En el panorama actual, se exponen abiertamente los pensamientos e ideas de la elite política y periodística, que conforman un ideario público. Uno recrimina al otro, el otro responde al uno. Un baile de ‘dimes’ y ‘diretes’ que no tiene fin y que forma parte del propio discurso político. Lo mismo ocurre con los medios de comunicación, que están bastante sujetos a las férreas directrices ideológicas que sostienen.
Y en todo este embrollo, en toda esta guerra de ideas, ideologías y pensamiento cobra un significado crucial una palabra, respeto, que se convierte en una vocablo extraordinario que deberíamos interiorizar todos. Si así fuese, las cosas nos irían mucho mejor.
Es muy costoso aceptar que hay personas que piensan diferente. Fácilmente se cae en el agujero de creer que siempre se tiene la razón y que lo que piensen los demás no es válido. Se conforma la figura del “bienpensante”, mientras que la opinión del adversario se anula por completo. Como dijo una vez Gabilondo, “los diccionarios reservan palabras muy desagradables para los que desprecian el juicio ajeno y se presentan a sí mismos como la encarnación del sentido común”.
Hay formas de pensar que a veces conforman grandes dosis de egocentrismo y superioridad que resultan ser sólo una ilusión. El “bienpensante” Hugo Chávez ha callado las voces contrarias a él y su política. Ha afilado finamente su tijera de la censura y ha cerrado uno de los pocos canales de televisión que aportan otros puntos de vista distintos a los oficiales. Radio Televisión Caracas ha cerrado en contra de su voluntad porque el régimen ‘Chavista’ no le ha renovado la licencia. El dirigente venezolano está abocando a su país a un pensamiento único, el suyo.
Las opiniones divergentes siempre son un incordio, pero expresar la opinión personal en un soporte que va a ser utilizado por una gran cantidad de público supone un acto más que arriesgado y valiente. El emisor se desnuda en público y deja libre su pensamiento, mientras que el receptor lo recibe positivamente o lo rechaza en privado.
¿Pero se imaginan un mundo plano y monocorde? ¿Un mundo donde todos pensáramos lo mismo? ¿Qué sería de las tertulias políticas o más aún de los corrillos destructores del famoseo que tantos réditos reportan a las cadenas de televisión? Sería imposible. El conflicto nos mantiene vivos…