martes, 3 de julio de 2007

Formas de pensar

(julio 2007)

En una ocasión, en un debate que hicimos en una ‘lección magistral’ de una asignatura, discutimos acerca de un asunto tan complejo como es el de la inmigración. “España es de los españoles”, apuntó uno. “Los inmigrantes vienen a nuestro país a ocupar los puestos de trabajo que nosotros no queremos”, recriminó otra. No se pueden hacer una idea de lo caldeado que se puso el debate. Al terminar, incluso en los pasillos se seguía discutiendo la cuestión. Esta situación se puede extrapolar a cualquier ámbito de lo social. Los seres humanos, solamente por el hecho de serlo, pensamos de determinada manera. Nuestra forma de pensar se configura con el tiempo al adquirir de nuestro entorno determinados valores y creencias.
En el panorama actual, se exponen abiertamente los pensamientos e ideas de la elite política y periodística, que conforman un ideario público. Uno recrimina al otro, el otro responde al uno. Un baile de ‘dimes’ y ‘diretes’ que no tiene fin y que forma parte del propio discurso político. Lo mismo ocurre con los medios de comunicación, que están bastante sujetos a las férreas directrices ideológicas que sostienen.
Y en todo este embrollo, en toda esta guerra de ideas, ideologías y pensamiento cobra un significado crucial una palabra, respeto, que se convierte en una vocablo extraordinario que deberíamos interiorizar todos. Si así fuese, las cosas nos irían mucho mejor.
Es muy costoso aceptar que hay personas que piensan diferente. Fácilmente se cae en el agujero de creer que siempre se tiene la razón y que lo que piensen los demás no es válido. Se conforma la figura del “bienpensante”, mientras que la opinión del adversario se anula por completo. Como dijo una vez Gabilondo, “los diccionarios reservan palabras muy desagradables para los que desprecian el juicio ajeno y se presentan a sí mismos como la encarnación del sentido común”.
Hay formas de pensar que a veces conforman grandes dosis de egocentrismo y superioridad que resultan ser sólo una ilusión. El “bienpensante” Hugo Chávez ha callado las voces contrarias a él y su política. Ha afilado finamente su tijera de la censura y ha cerrado uno de los pocos canales de televisión que aportan otros puntos de vista distintos a los oficiales. Radio Televisión Caracas ha cerrado en contra de su voluntad porque el régimen ‘Chavista’ no le ha renovado la licencia. El dirigente venezolano está abocando a su país a un pensamiento único, el suyo.
Las opiniones divergentes siempre son un incordio, pero expresar la opinión personal en un soporte que va a ser utilizado por una gran cantidad de público supone un acto más que arriesgado y valiente. El emisor se desnuda en público y deja libre su pensamiento, mientras que el receptor lo recibe positivamente o lo rechaza en privado.
¿Pero se imaginan un mundo plano y monocorde? ¿Un mundo donde todos pensáramos lo mismo? ¿Qué sería de las tertulias políticas o más aún de los corrillos destructores del famoseo que tantos réditos reportan a las cadenas de televisión? Sería imposible. El conflicto nos mantiene vivos…

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