domingo, 26 de agosto de 2007

Los borregos y el toro

(Septiembre 2007)

Han derribado el último toro de Osborne que quedaba en Cataluña. El pobre toro, que presidía virtuoso el lugar, ha caído sin siquiera ser toreado ni recibir el estoque. Unas cuantas horas con un serrucho dale que te pego y… ¡al suelo! Sus catorce metros de altura y sus varias toneladas de peso resultaron ser poca cosa. "Después de un buen rato y duro trabajo, a las seis de la mañana, el toro de Osborne de El Bruc ha caído vergonzosamente como un gigante con pies de barro. Después, ha sido pisado, ultrajado y humillado por los patriotas que lo han vencido mientras por el horizonte salía un sol de justicia". Suena a broma, pero con estas palabras propias de la retórica de un grupo fascista, una veintena de nacionalistas catalanes, que se reúnen cuando se aburren bajo el nombre de "La Bandera Negra", se han atribuido este acto vandálico que para ellos es 'heroico'. Estos borregos con más poca vergüenza que educación, han querido con este gesto "limpiar" la silueta de la "sagrada" montaña de Montserrat de la "inmundicia cornuda española que pretendía ensuciarla". Los nacionalismos que se tratan en la actualidad de forma superficial y banal resultan ser un invento que atrapa y lava las conciencias de las personas que los siguen y sustentan. Dejan entrever la intolerancia, el odio y la animadversión hacia los demás y hacia lo que consideran distinto y que puede ejercer un fuerte dominio. Cerrarse en banda y no abrirse a otras (a veces nuevas) culturas y tradiciones que son seguro enriquecedoras es un craso error que conduce inevitablemente al autoaislamiento en este mundo globalizado. La acelerada globalización nos lleva a temer por la integridad de nuestra identidad y a que reaccionemos para reforzarla. La férrea adhesión a una cultura es para algunos su propia manera de mostrarse diferentes. Hay un abismo entre lo que somos, y lo que creemos que somos. Como apuntó el escritor libanés Amin Maalouf: "si afirmamos con tanta pasión nuestras diferencias es porque cada vez somos menos diferentes". La globalización se percibe de una manera errónea, como una amenaza para la diversidad cultural, en especial para la diversidad de las lenguas y formas de vida. Pero el individuo debe tener la capacidad de quedarse con lo que más le interese o aporte de entre todo lo que le ofrece este mundo globalizado. Estos 'patriotas de hojalata' han eliminado el último símbolo en Cataluña de la España más rancia, castiza y tradicional (o de lo que queda de ella, según los catastrofistas que gritaban a los cuatro vientos lo de "España se rompe"). Este nacionalismo español no se escapa de la invención. Que sí, que España es mi país, mi tierra, y la defiendo y represento con orgullo, pero no se me va la vida en ello. No me llevo la mano al pecho ni me emociono al escuchar el himno español (y ni mucho menos lo tarareo o canto porque ya me dirán cómo). Tampoco llevo la bandera siempre conmigo, y no por ello soy menos español. Si hiciera todo esto, tristemente sería encuadrado en un determinado bando. ¿Por qué tiene esto que ser así si todos somos españoles? Ser español forma parte de mi identidad, pero no es toda ella. ¿Por qué conformarme con ser español únicamente? Soy andaluz, español, europeo… hasta ciudadano del mundo. Como acertadamente un día dijo Unamuno: "el nacionalismo se cura viajando".Extremismos y bestias aparte, el toro, represente lo que represente, es un logotipo de la marca de bebidas Osborne, sin duda la más favorecida de todo este disparate. Menuda publicidad gratuita se ha llevado.

(publicado también en el semanario Puente Genil Información 25 A 07)