miércoles, 24 de octubre de 2007

Los 'desfachadores'

(noviembre 2007)

Es demasiado frecuente en este país mirar hacia donde no es, hablar y exagerar de los problemas que no tenemos. Octubre ha sido un mes convulso en cuanto a la polémica del símbolo de todos los españoles. La tela roja y gualda, baluarte de la España constitucional y democrática, ha sido testigo de maniobras audiovisuales patéticas y acaparadoras del símbolo español. Pero hay otros símbolos que no son ni de todos y ni mucho menos constitucionales y democráticos y que están en peligro. La Ley de la Memoria Histórica, sacada adelante a trancas y barrancas, obliga a los ayuntamientos a retirar los símbolos franquistas de los espacios públicos.
A priori parece lógico y acertado que la ley obligue a eliminar unos símbolos que deberían haber desaparecido con el dictador. Resulta chocante y daña la vista ver esos emblemas por nuestras calles y aún así recordar que vivimos en un estado democrático. Pero esta maniobra puede convertirse en un arma de doble filo. Me explico. Si se borran los símbolos, de alguna manera se borra el pasado y los vestigios que representan lo que ocurrió. Siguiendo la tesis orwelliana, el pasado deja de existir si lo manipulamos desde el presente. Los símbolos del franquismo que quedan no sobran, son un recuerdo de aquello que ocurrió, forman parte de nuestra historia más negra, que hay que tener siempre presente, sólo para una cosa: para que no se vuelva a repetir jamás. Además, si nos ponemos en ese plan, también tendremos que retirar los símbolos y estatuas de otras épocas, y que también representan falta de libertades y opresión: dícese reyes absolutos, generales y otros tantos personajes históricos. Vamos, que nos quedamos sin historia.
Muchos de estos símbolos, placas o estatuas pasan desapercibidas en nuestro quehacer diario. Ni siquiera sabemos quienes son los personajillos que aparecen en ellas. Estos símbolos suponen una lección estupenda de historia, in situ, en plena calle, y de la forma más práctica. Fuera teorías: muchas veces están escritas por los vencedores, que no dan una visión objetiva de los hechos. Lo mejor es ir con el hijo o el nieto en cuestión y pararse ante el busto triunfante de bronce, ante el cartelito con el nombre tan peculiar que hay en la esquina de la calle y que le da nombre a la estrada, o ante el ‘pajarraco’ adornado con numerosos y aparatosos abalorios y empezar con una lección de historia en primera persona. “Niño, esto que ves aquí es malo, representa algo negativo, la historia reciente más dolorosa y cruel, la represión atroz que vino después de habernos matado entre nosotros durante varios años…”
Ahora entran en acción los ‘desfachadores’. Les compadezco, porque van a tener a partir de ahora un duro trabajo. Hay por retirar demasiados símbolos de aquel régimen hipnótico que otorgaba a la población una “placidez extrema”. Manda huevos. Habrá que empezar por el destartalado palacio de La Moncloa porque en su fachada hay una placa que reza aquello de “caídos por Dios y por España”. Que les sea leve….

martes, 2 de octubre de 2007

¿Cuecen o enriquecen?

(octubre 2007)

Las relaciones no iban bien. Muchos enfrentamientos, muchos malentendidos… No era un secreto, hacía bastante tiempo que no se sentía bien dentro de su propio partido. Y lo había dejado patente manifestándose en contra de varias acciones llevadas a cabo por su grupo político. Por fin se liberó e hizo pública su decisión. La ex eurodiputada socialista Rosa Díez se ha desecho de su carné de militante y se ha ‘divorciado’ de su partido. Ha habido terceras personas –y partidos- de por medio. Quiere hacer una nueva vida alejada del partido al que estuvo vinculada los últimos 30 años y formará junto al filósofo Savater y otros tantos desencantados de la política uno nuevo, de ámbito estatal, que nace con el propósito de ser una alternativa. Como sucede en algunas rupturas matrimoniales, los cónyuges no paran de hacerse ‘putadas’. Díez se marcha pero intentará robar votos sobre todo a los socialistas, porque la línea ideológica de ‘Unión, Progreso y Democracia’ se asemeja más a la de su ex partido.
Por lo menos, lo intentará, pero será difícil que se haga un hueco de importancia en el panorama político actual dado nuestro sistema electoral vigente. Fruto del contexto específico de la Transición, favorece claramente a los dos partidos políticos más relevantes. Esto se convierte en una enfermedad crónica: sería difícil pensar que los dos partidos con más peso en nuestro sistema en algún momento estén dispuestos a perder parte de su poder en beneficio de los más pequeños. De todas formas, el surgimiento de un nuevo partido en una Democracia tiene que verse siempre con buenos ojos. La pluralidad y la diversidad de ideologías y pensamientos se ven ampliadas y nuestro sistema se enriquece.
Rehacer la vida tras una ruptura traumática es complicado. Aunque no se vea la salida por ningún sitio, sin esperarlo, pronto vendrá aquello con lo que volver a ser feliz. Y hay veces que surgen varios pretendientes. Los dirigentes de ‘Ciutadans, partido de la Ciudadanía’ están disputando una carrera contrarreloj para tratar de llevarse al huerto al nuevo partido y formar una lista única que se presentará a las generales. ‘Ciutadans’ fue un claro ejemplo de la necesidad de cambiar la situación de la política en Cataluña. Surgido de la plataforma cívica creada por varios intelectuales catalanes, y abanderado por Albert Rivera –que promocionó el partido como Dios lo trajo al mundo-, dio la sorpresa en las pasadas elecciones autonómicas catalanas al conseguir tres escaños. Lo de mi tocayo es algo insólito. Según lo que he podido escuchar o leer sobre él me parece –y esto si que es raro- sensato y coherente.
Pero hay algunos que lamentablemente no conocen la fórmula más nutritiva y cuecen –odio-, pero no enriquecen. Siempre son los mismos. Un grupo de nacionalistas catalanes, de los radicales, han enviado una misiva al presidente de ‘Ciutadans’, en la que lo amenazan de muerte mostrando una foto suya con una bala real sobre la frente. El ‘conmigo o contra mí’ es una máxima que muchos sostienen firmemente, y que no necesariamente se percibe en la lejanía.