lunes, 4 de febrero de 2008

¿Quién da más?

(febrero 2008)

Es tiempo de gripes, y ahora también de promesas electorales. Los candidatos a la presidencia del gobierno español han comenzado una carrera contrarreloj para conseguir ocupar durante los próximos cuatro años el Palacio de la Moncloa. En esta pugna dejan en el camino infinidad de promesas, algunas poco creíbles, otras más surrealistas aún, y con las que pretenden seducir nuestro voto. Las lanzan en cada mitin, por entregas, delante de las cámaras de televisión y de miles de seguidores agitados y gozosos. Nos prometen las estrellas, que ya estamos viendo por culpa de la crisis económica.
Aparte de marear la perdiz, algo que hacen muy bien, podrían ser unos pujadores buenísimos. Serían los reyes de las subastas. Cada vez que uno de los presidenciables hace público su ofrecimiento, el oponente lo mejora: es la máxima del “y yo más”. Si Zapatero promete dos millones de puestos de trabajo en cuatro años, poco después Rajoy ofrece 200.000 más. Si el actual presidente dice que creará 300.000 nuevas plazas de guardería, poco después Rajoy mejora la oferta y dice que llegará a las 400.000. ¿Quién da más? Se abre la subasta.
También se podrían ganar el pan regentando un supermercado, porque eso de ofrecer rebajas, en este caso de impuestos, es lo suyo. Si Rajoy promete bajar diez puntos el Impuesto de Sociedades, Zapatero promete eliminar el del Patrimonio. A este paso nos quitan de trabajar a todos (no será el caso…). Pero la oferta estrella, sin duda, ha sido la de devolver 400 euros a 13 millones de contribuyentes, a modo de aguinaldo, pero en pleno marzo. La caja común rebosa y en un alarde de generosidad inaudito, se prometen dividendos. ¿De dónde va a salir tanto dinero?
Visto lo visto, lo mejor sería que ganaran los dos. ¡Qué bien estaríamos si tuvieran éxito ambos! A estas alturas, ¿quién se cree que puedan cumplir lo que están ofreciendo? Piensan que nos chupamos el dedo mientras que hacen temblar el presupuesto cada vez que abren la boca.
A la hora de votar hay muchos factores que hacen que el voto se incline hacia un lado u otro: el candidato, el color del partido, sus siglas y en menor medida las listas electorales. Su confección, esta vez ajustada a la Ley de la Igualdad, ha dado sorpresas que ya todos conocemos. La “lógica inversa”, que sigue los pasos contrarios a lo lógico, ha salido a relucir. Siguiendo esta teoría, si un regidor es el más valorado y gracias a su presencia se pueden arañar unos cuantos votos, se le debe excluir de las listas. Otro caso, aunque no tenga que ver con las elecciones: si cada vez hay más coches y las pasamos canutas para encontrar un sitio para aparcar, en las nuevas obras que se hagan se deben eliminar gran cantidad de plazas de aparcamiento. Es de una lógica aplastante. ¡Viva el sentido común!
Sentido común, eso es lo que a veces les falta a los candidatos. Como ya apuntaba el genial Manuel Alcántara en uno de sus artículos: “lo prometido es duda”. Qué razón tiene.

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