(agosto 2008)
Los periódicos se quedan en los huesos y los informativos son de chiste. Eso es lo que da el verano. Que hace mucho calor, que hay muchísimos coches en las carreteras y que la gente se refresca como puede en playas y piscinas, no es noticia. Sólo se cuelan en la monotonía de las informaciones algunas pinceladas sobre los más que preocupantes datos de nuestra economía o las macabras pretensiones de los etarras. Buenas noticias, sin duda.
Uno de los soplos de aire ‘fresco’ lo trajo el mandatario venezolano Hugo Chávez, que vino a nuestro país para hacer las paces. Después de ocho meses del famoso desencuentro de Chile, el Rey Juan Carlos y él se volvieron a ver las caras, esta vez en una visita al Palacio de Marivent. Tras una hora de retraso, el tío llegó muy chulo. Al bajarse del coche hizo el amago de volverse a meter dentro. Mientras, el Rey esperándole. Menos tonterías, Huguito. Aterrizó con ganas de tomar el sol y refrescarse, y le sugirió a D. Juan Carlos:
- ¿Por qué no vamos a la playa?
- ¿Y por qué no te callas mejor?, pensaría el monarca.
Y juntitos los dos, cerquita del mar, charlaron, ya en privado, sobre sus desavenencias… y se reconciliaron. Tanto es así que el Rey le regaló una camiseta con su famosa frase. Y no sé si comieron perdices, pero algo baratito seguro que no.
Por cierto, hablando de reyes. El principito y la princesita vuelven a ser el objetivo de los aspirantes a graciosos de la revista ‘El Jueves’ que, como Chávez, no están dispuestos a callar. El mal gusto volvió en Navidad en forma de felicitación on-line en la que aparecía la misma caricatura de los príncipes, como perritos copulando, pero con la cara tapada por un gorro de Papá Noel. Ahora, un año después del secuestro, los ‘artistas’ creadores de la famosa caricatura vuelven a la carga con la misma originalidad que antes: ninguna. Presumiendo de su hazaña, quieren que se vuelva a hablar de ellos gracias a un póster en el que los mismos protagonistas salen en idéntica posición, pero con el decorado de un velero, simulando participar en una regata. Están más vistos que un tebeo. La gallina ya ha dejado de dar los huevos de oro.
A veces la libertad de expresión choca con el respeto, y se hace añicos. Mostrar a los príncipes practicando sexo no tiene gracia, ni ahora ni las dos veces anteriores. Es un dibujo zafio, obsceno e irrespetuoso, nada elegante. Pero secuestrar una publicación y hacer de la Corona un asunto tabú e intocable es peligroso. Si con ello se quiso silenciar el asunto, se consiguió todo lo contrario.
A la revista y al gallito venezolano, estos episodios polémico-propagandísticos les han venido como agua de mayo. Como dijera un día el escritor Oscar Wilde: “Sólo hay una cosa peor que hablen mal de ti: que no hablen”. Así que mejor que hablen de ellos, aunque sea mal.