martes, 29 de julio de 2008

El aire 'fresco' del verano

(agosto 2008)


Los periódicos se quedan en los huesos y los informativos son de chiste. Eso es lo que da el verano. Que hace mucho calor, que hay muchísimos coches en las carreteras y que la gente se refresca como puede en playas y piscinas, no es noticia. Sólo se cuelan en la monotonía de las informaciones algunas pinceladas sobre los más que preocupantes datos de nuestra economía o las macabras pretensiones de los etarras. Buenas noticias, sin duda.
Uno de los soplos de aire ‘fresco’ lo trajo el mandatario venezolano Hugo Chávez, que vino a nuestro país para hacer las paces. Después de ocho meses del famoso desencuentro de Chile, el Rey Juan Carlos y él se volvieron a ver las caras, esta vez en una visita al Palacio de Marivent. Tras una hora de retraso, el tío llegó muy chulo. Al bajarse del coche hizo el amago de volverse a meter dentro. Mientras, el Rey esperándole. Menos tonterías, Huguito. Aterrizó con ganas de tomar el sol y refrescarse, y le sugirió a D. Juan Carlos:
- ¿Por qué no vamos a la playa?
- ¿Y por qué no te callas mejor?, pensaría el monarca.
Y juntitos los dos, cerquita del mar, charlaron, ya en privado, sobre sus desavenencias… y se reconciliaron. Tanto es así que el Rey le regaló una camiseta con su famosa frase. Y no sé si comieron perdices, pero algo baratito seguro que no.
Por cierto, hablando de reyes. El principito y la princesita vuelven a ser el objetivo de los aspirantes a graciosos de la revista ‘El Jueves’ que, como Chávez, no están dispuestos a callar. El mal gusto volvió en Navidad en forma de felicitación on-line en la que aparecía la misma caricatura de los príncipes, como perritos copulando, pero con la cara tapada por un gorro de Papá Noel. Ahora, un año después del secuestro, los ‘artistas’ creadores de la famosa caricatura vuelven a la carga con la misma originalidad que antes: ninguna. Presumiendo de su hazaña, quieren que se vuelva a hablar de ellos gracias a un póster en el que los mismos protagonistas salen en idéntica posición, pero con el decorado de un velero, simulando participar en una regata. Están más vistos que un tebeo. La gallina ya ha dejado de dar los huevos de oro.
A veces la libertad de expresión choca con el respeto, y se hace añicos. Mostrar a los príncipes practicando sexo no tiene gracia, ni ahora ni las dos veces anteriores. Es un dibujo zafio, obsceno e irrespetuoso, nada elegante. Pero secuestrar una publicación y hacer de la Corona un asunto tabú e intocable es peligroso. Si con ello se quiso silenciar el asunto, se consiguió todo lo contrario.
A la revista y al gallito venezolano, estos episodios polémico-propagandísticos les han venido como agua de mayo. Como dijera un día el escritor Oscar Wilde: “Sólo hay una cosa peor que hablen mal de ti: que no hablen”. Así que mejor que hablen de ellos, aunque sea mal.

martes, 1 de julio de 2008

Unidos por la alegria

(Julio 2008)

Domingo 29 de junio de 2008: la selección española hace historia. La imagen de San Iker Casillas extenuante de alegría, glorioso, triunfante, alzando la copa de Europa, ha dado la vuelta al mundo. Él y el resto del equipo han devuelto la ilusión a un país acostumbrado al fracaso de cuartos. Qué tendrá el fútbol para conectar a las personas de esa manera, para unirlas en una inmensa alegría. Sólo este deporte podría lograr algo así. Es una fiesta, una pasión. Seguramente no hay nada que haga vibrar de esta forma a la familia tan mal avenida que es España.
Nuestro país se ha vuelto rojo, por lo menos simbólicamente. Que me perdonen los señores y señoras no rojos/as. La ilusión ha teñido de este color al país durante 20 días, y se ha manifestado en las celebraciones de cada uno de los triunfos, pasito a pasito, como si fueran grandes victorias que después han resultado ser. Nuestra selección ha creado, para bien, un problema de orden público y ha puesto patas arriba al país. Fueron muchos los españoles que tendieron la bandera nacional en sus balcones. Algunos, pretendidamente rancios y castizos, colgaron las que tenían el toro de Osborne incrustado. Todos queríamos ganar. Todos menos los de Media Mark, que aprovechando la maldición de cuartos, puso en marcha una campaña de descuentos en televisores si el equipo pasaba de esa fase. Ahora tienen que estar lamentándose.
Empezamos con la boca chica, pero pasamos a la semifinal. Y luego a la final. Y… ¡Pudimos!, porque hemos sido los mejores. Los mejores capitaneados por Luís Aragonés, que ‘celebraba’ los goles como un toro bravo… pero para sí mismo. Tras el mundial de Alemania dijo que se iba, la gente quería que se fuera, pero no cumplió su amenaza. Y ahora casi le tenemos que dar las gracias por no haberlo hecho. Lo que son las cosas.
Y qué suerte la de Cuatro. Se ha convertido en la cadena de moda, por obra y gracia de los resultados de nuestra selección. Y no les ha salido barato. Los 70 millones de euros de inversión difícilmente se podrán rentabilizar, pero han ganado audiencia, prestigio, fidelización e imagen. Han acompañado a nuestro equipo hasta el triunfo al grito de ¡’podemos’! Las hazañas de ‘la Roja’ han reventado los audímetros. La tanda de penaltis fue lo más visto en la historia de la televisión, por lo menos desde que se empezaron a medir las audiencias en el 92.
Como expresaba el anuncio de un patrocinador cervecero del equipo español: decían que éramos bajitos, pero hemos derrotado a gigantes –qué tiarracos los alemanes, que les doblaban la estatura y el peso-; que se nos atragantaban los cuartos, pero no las grandes finales… Si el pasado fue negro, lo hemos teñido de rojo. Por fin, somos campeones. La alegría nos ha unido, nos ha unido una ilusión que nos ha hecho vibrar. Felicidades.