(Julio 2008)
Domingo 29 de junio de 2008: la selección española hace historia. La imagen de San Iker Casillas extenuante de alegría, glorioso, triunfante, alzando la copa de Europa, ha dado la vuelta al mundo. Él y el resto del equipo han devuelto la ilusión a un país acostumbrado al fracaso de cuartos. Qué tendrá el fútbol para conectar a las personas de esa manera, para unirlas en una inmensa alegría. Sólo este deporte podría lograr algo así. Es una fiesta, una pasión. Seguramente no hay nada que haga vibrar de esta forma a la familia tan mal avenida que es España.
Nuestro país se ha vuelto rojo, por lo menos simbólicamente. Que me perdonen los señores y señoras no rojos/as. La ilusión ha teñido de este color al país durante 20 días, y se ha manifestado en las celebraciones de cada uno de los triunfos, pasito a pasito, como si fueran grandes victorias que después han resultado ser. Nuestra selección ha creado, para bien, un problema de orden público y ha puesto patas arriba al país. Fueron muchos los españoles que tendieron la bandera nacional en sus balcones. Algunos, pretendidamente rancios y castizos, colgaron las que tenían el toro de Osborne incrustado. Todos queríamos ganar. Todos menos los de Media Mark, que aprovechando la maldición de cuartos, puso en marcha una campaña de descuentos en televisores si el equipo pasaba de esa fase. Ahora tienen que estar lamentándose.
Empezamos con la boca chica, pero pasamos a la semifinal. Y luego a la final. Y… ¡Pudimos!, porque hemos sido los mejores. Los mejores capitaneados por Luís Aragonés, que ‘celebraba’ los goles como un toro bravo… pero para sí mismo. Tras el mundial de Alemania dijo que se iba, la gente quería que se fuera, pero no cumplió su amenaza. Y ahora casi le tenemos que dar las gracias por no haberlo hecho. Lo que son las cosas.
Y qué suerte la de Cuatro. Se ha convertido en la cadena de moda, por obra y gracia de los resultados de nuestra selección. Y no les ha salido barato. Los 70 millones de euros de inversión difícilmente se podrán rentabilizar, pero han ganado audiencia, prestigio, fidelización e imagen. Han acompañado a nuestro equipo hasta el triunfo al grito de ¡’podemos’! Las hazañas de ‘la Roja’ han reventado los audímetros. La tanda de penaltis fue lo más visto en la historia de la televisión, por lo menos desde que se empezaron a medir las audiencias en el 92.
Como expresaba el anuncio de un patrocinador cervecero del equipo español: decían que éramos bajitos, pero hemos derrotado a gigantes –qué tiarracos los alemanes, que les doblaban la estatura y el peso-; que se nos atragantaban los cuartos, pero no las grandes finales… Si el pasado fue negro, lo hemos teñido de rojo. Por fin, somos campeones. La alegría nos ha unido, nos ha unido una ilusión que nos ha hecho vibrar. Felicidades.
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