martes, 30 de septiembre de 2008

Para las conveniencias

(octubre 2008)

Desde tiempos inmemorables el ser humano ha desafiado a las débiles reglas de la solidaridad y las ha vencido por goleada. ‘Lo mío es mío, y lo tuyo para repartirlo’ es una máxima muy recurrente hoy día. Veamos dos ejemplos, que aunque muy diferentes, tienen al egoísmo como eje principal.
Estaba clarísimo que el Tribunal Constitucional iba a acabar con la idea de Ibarretxe de convocar su referéndum. El Estado español es el único autorizado para convocarlos, porque la soberanía, ese ‘derecho a decidir’ del que tanto habla, es de todos los españoles y no sólo de una parte. Aunque quiera, no puede convocarlo. Es como si intentara lamerse su propio codo. Imposible.
En un primer asalto soberanista, se sacó de la manga esa farsa del ‘Estado Libre Asociado’. Yo me monto un país para mí sólo y cuando me convenga me junto con España. Pero esa denominación no existe en el Derecho. En la descolonización, Estados Unidos quería seguir ejerciendo su dominio sobre Puerto Rico. Para ello se inventó un estatus con el que ‘cambiar’ las cosas, pero sin cambiar nada. La ONU se creyó la mentira y todo siguió igual. Se puede observar que la propia expresión es contradictoria. Un Estado, por definición, tiene que ser libre, porque de lo contrario no sería un Estado. Por tanto, el denominado ‘plan Ibarretxe’ es una tremenda estafa. Sus compañeros de partido no quieren que haga el ridículo (más de lo que lo hace) y le han aconsejado que no eleve al tribunal europeo una denuncia contra España.
Aún peor es lo del capitalismo. La teoría dice que en la economía de mercado la oferta y la demanda se bastan por si solas, sin necesidad de que el Estado intervenga. Pero en tiempos difíciles es mejor ir a la práctica. Es muchísimo mejor compartir los malos momentos: así las penas pasan mejor y antes.
Estados Unidos va a echar una mano (un manotazo diría yo) a varios gigantes financieros para reflotar su economía. El plan de rescate de Bush costará cerca de medio billón de euros, con be de borrico. Socializar las pérdidas y privatizar las ganancias: fórmula perfecta para no perder nunca. La mano invisible del libre mercado se hace visible. Se pone a pedir y se encuentra con la generosa mano del Estado. Así cualquiera. En España, el presidente de la CEOE ha dicho que debería hacerse un paréntesis en el sistema económico vigente, además de pedir financiación. En otras palabras, que se tomen ahora las medidas que sean necesarias para después seguir con el mismo modelo de siempre: generar más y más beneficios que irán a parar a manos privadas.
Con el capitalismo en crisis, se abre la duda sobre la posibilidad de un nuevo orden económico. Pero esto es como lo del codo, imposible. Seguro que lo probaron... No demos por muerto al libre mercado. Sólo está enfermo, pero con unas pastillitas con el símbolo del dólar grabado, se pondrá como nuevo.



viernes, 19 de septiembre de 2008

Spain is different

(septiembre 2008)

Dicen de nosotros que vivimos una vida libre de problemas. Que estamos logrando la ecuación de cómo ser eficaces y alegres al mismo tiempo. Que tenemos un contagioso entusiasmo por la vida. Que confiamos mucho en nosotros mismos pero que a veces somos despreocupados e individualistas. Así somos. O al menos así es como nos ven desde fuera de nuestras fronteras. Autores de varias guías turísticas escritas en países como Francia, Italia o Alemania, y corresponsales de prensa extranjera, en un libro titulado ‘¡Vaya País!, ofrecen su particular visión de los españoles.
Mientras que llevamos siglos peleando por la idea de España, en esas crisis de identidad que nos dan a veces, los extranjeros lo tienen claro: siesta, vitalidad y juerga son tres palabras que nos definen a la perfección. ¡Toma simpleza! Pero hay algo, según ellos, que confiere unidad al país: el tapeo. Los famosos topicazos de la siesta, los toros y el flamenco (sí, la España de pandereta y circo) aún perduran. De que no damos un palo al agua y de que nos gusta más una fiesta que a Pocholo casi nos olvidamos: "La sociedad española trabaja, e incluso conoce el estrés", dice un periodista galo. La verdad es que me deja mucho más tranquilo. Ya vamos avanzando algo y hasta nos estresamos. Pero este retrato de pueblo despreocupado y fiestero que tiene el imaginario popular es una especie en vías de extinción. Y todo por culpa de nuestra progresiva europeización, que nos ha ido transformando y modernizando poco a poco.
Dicen que hablamos muy alto. Algunos, incluso, piensan que no hablamos sino que gritamos. Es la cultura, la nuestra, de hablar fuerte y rápido, y si puede ser, al mismo tiempo que nuestro interlocutor. Los corresponsales extranjeros no se lo explican, y yo, como indígena, tampoco. Sólo se me ocurre que a veces gritar es una ilusa manera de querer tener razón.
También sabemos por estos extranjeros que tenemos una gran capacidad autocrítica (aunque no nos sirva para cambiar), y que las alemanas no se depilan. Van por ahí con el bigote a lo Dalí y con piernas y axilas peludas, como un oso. Lo digo porque para los germanos lo más chocante es que el vello corporal es tabú para las mujeres españolas.
Además, somos pacientes y no protestamos. Una observación muy aguda a la par que cegata. Aunque tenemos motivos de sobra para quejarnos. El ‘vuelva usted mañana’ a la hora de hacer papeleos lo conocemos de sobra. "España tiene muchas virtudes, pero los trámites no son su fuerte", saltó una lista extranjera. Bienvenida a nuestra ‘burrocracia’.
Pero los tópicos son eso, tópicos. Imágenes muy generales que a veces no se ajustan a la realidad. Estamos bañados en un gran océano de estereotipos que son difícilmente extrapolables a más de 40 millones de personas y a un territorio tan complejo y controvertido como el nuestro. Tal vez los de fuera se hayan quedado sólo con una parte de cómo somos y sentimos. Tal vez nosotros los hayamos utilizado en beneficio propio, para favorecer el desarrollo del turismo, por ejemplo.