(octubre 2008)
Desde tiempos inmemorables el ser humano ha desafiado a las débiles reglas de la solidaridad y las ha vencido por goleada. ‘Lo mío es mío, y lo tuyo para repartirlo’ es una máxima muy recurrente hoy día. Veamos dos ejemplos, que aunque muy diferentes, tienen al egoísmo como eje principal.
Estaba clarísimo que el Tribunal Constitucional iba a acabar con la idea de Ibarretxe de convocar su referéndum. El Estado español es el único autorizado para convocarlos, porque la soberanía, ese ‘derecho a decidir’ del que tanto habla, es de todos los españoles y no sólo de una parte. Aunque quiera, no puede convocarlo. Es como si intentara lamerse su propio codo. Imposible.
En un primer asalto soberanista, se sacó de la manga esa farsa del ‘Estado Libre Asociado’. Yo me monto un país para mí sólo y cuando me convenga me junto con España. Pero esa denominación no existe en el Derecho. En la descolonización, Estados Unidos quería seguir ejerciendo su dominio sobre Puerto Rico. Para ello se inventó un estatus con el que ‘cambiar’ las cosas, pero sin cambiar nada. La ONU se creyó la mentira y todo siguió igual. Se puede observar que la propia expresión es contradictoria. Un Estado, por definición, tiene que ser libre, porque de lo contrario no sería un Estado. Por tanto, el denominado ‘plan Ibarretxe’ es una tremenda estafa. Sus compañeros de partido no quieren que haga el ridículo (más de lo que lo hace) y le han aconsejado que no eleve al tribunal europeo una denuncia contra España.
Aún peor es lo del capitalismo. La teoría dice que en la economía de mercado la oferta y la demanda se bastan por si solas, sin necesidad de que el Estado intervenga. Pero en tiempos difíciles es mejor ir a la práctica. Es muchísimo mejor compartir los malos momentos: así las penas pasan mejor y antes.
Estados Unidos va a echar una mano (un manotazo diría yo) a varios gigantes financieros para reflotar su economía. El plan de rescate de Bush costará cerca de medio billón de euros, con be de borrico. Socializar las pérdidas y privatizar las ganancias: fórmula perfecta para no perder nunca. La mano invisible del libre mercado se hace visible. Se pone a pedir y se encuentra con la generosa mano del Estado. Así cualquiera. En España, el presidente de la CEOE ha dicho que debería hacerse un paréntesis en el sistema económico vigente, además de pedir financiación. En otras palabras, que se tomen ahora las medidas que sean necesarias para después seguir con el mismo modelo de siempre: generar más y más beneficios que irán a parar a manos privadas.
Con el capitalismo en crisis, se abre la duda sobre la posibilidad de un nuevo orden económico. Pero esto es como lo del codo, imposible. Seguro que lo probaron... No demos por muerto al libre mercado. Sólo está enfermo, pero con unas pastillitas con el símbolo del dólar grabado, se pondrá como nuevo.
Desde tiempos inmemorables el ser humano ha desafiado a las débiles reglas de la solidaridad y las ha vencido por goleada. ‘Lo mío es mío, y lo tuyo para repartirlo’ es una máxima muy recurrente hoy día. Veamos dos ejemplos, que aunque muy diferentes, tienen al egoísmo como eje principal.
Estaba clarísimo que el Tribunal Constitucional iba a acabar con la idea de Ibarretxe de convocar su referéndum. El Estado español es el único autorizado para convocarlos, porque la soberanía, ese ‘derecho a decidir’ del que tanto habla, es de todos los españoles y no sólo de una parte. Aunque quiera, no puede convocarlo. Es como si intentara lamerse su propio codo. Imposible.
En un primer asalto soberanista, se sacó de la manga esa farsa del ‘Estado Libre Asociado’. Yo me monto un país para mí sólo y cuando me convenga me junto con España. Pero esa denominación no existe en el Derecho. En la descolonización, Estados Unidos quería seguir ejerciendo su dominio sobre Puerto Rico. Para ello se inventó un estatus con el que ‘cambiar’ las cosas, pero sin cambiar nada. La ONU se creyó la mentira y todo siguió igual. Se puede observar que la propia expresión es contradictoria. Un Estado, por definición, tiene que ser libre, porque de lo contrario no sería un Estado. Por tanto, el denominado ‘plan Ibarretxe’ es una tremenda estafa. Sus compañeros de partido no quieren que haga el ridículo (más de lo que lo hace) y le han aconsejado que no eleve al tribunal europeo una denuncia contra España.
Aún peor es lo del capitalismo. La teoría dice que en la economía de mercado la oferta y la demanda se bastan por si solas, sin necesidad de que el Estado intervenga. Pero en tiempos difíciles es mejor ir a la práctica. Es muchísimo mejor compartir los malos momentos: así las penas pasan mejor y antes.
Estados Unidos va a echar una mano (un manotazo diría yo) a varios gigantes financieros para reflotar su economía. El plan de rescate de Bush costará cerca de medio billón de euros, con be de borrico. Socializar las pérdidas y privatizar las ganancias: fórmula perfecta para no perder nunca. La mano invisible del libre mercado se hace visible. Se pone a pedir y se encuentra con la generosa mano del Estado. Así cualquiera. En España, el presidente de la CEOE ha dicho que debería hacerse un paréntesis en el sistema económico vigente, además de pedir financiación. En otras palabras, que se tomen ahora las medidas que sean necesarias para después seguir con el mismo modelo de siempre: generar más y más beneficios que irán a parar a manos privadas.
Con el capitalismo en crisis, se abre la duda sobre la posibilidad de un nuevo orden económico. Pero esto es como lo del codo, imposible. Seguro que lo probaron... No demos por muerto al libre mercado. Sólo está enfermo, pero con unas pastillitas con el símbolo del dólar grabado, se pondrá como nuevo.
