sábado, 9 de mayo de 2009

¿Que yo te financie a ti?

(mayo 2009)

El Gobierno Zapatero se propuso sacar la publicidad de RTVE, y hasta que no lo consiga, no va a parar. En septiembre, si todo transcurre según sus planes, todos los canales de radio y televisión de la Corporación dejarán de emitir anuncios. Es una decisión que ya tocaba. Que la pública compita con las privadas financiándose con la publicidad y el dinero del estado es, como poco, competencia desleal.

Pero entonces, ¿cómo pagar los 1.100 millones de euros que necesita para funcionar? En España no estamos acostumbrados a pagar para ver la televisión. Tal vez por eso el Ejecutivo descartó desde el primer momento la financiación mediante un canon que repercutiera sobre los ciudadanos. Bastante pagamos ya por nuestra ‘tele’ pública como para ponerle más dinero encima. La solución: que la paguen las privadas. Una parte de los ingresos de las cadenas privadas y de los operadores de telecomunicaciones irán a las arcas de RTVE. Una medida que no satisface a todos.

Con RTVE sin publicidad, tanto los operadores de telecomunicaciones como las cadenas privadas tocarán a una porción más grande y jugosa del pastel publicitario del medio televisivo: 3.000 millones de euros a repartir entre uno menos. Con todo, los que tienen que soltar la pasta no ven la medida con buenos ojos. La asociación UTECA, la ‘entente cordiale’ formada por las televisiones privadas para defender sus derechos (o mejor dicho, defenderse de la pública), se ha pronunciado con un ‘sí, pero no’. Quieren ese trozo del pastel más grande, pero aseguran que están asfixiadas con los impuestos que ya pagan. Por su parte, a los anunciantes no les hace ninguna gracia que Televisión Española deje de tener anuncios. A su juicio, y tienen razón, la medida concentrará el escenario en un oligopolio controlado por las televisiones privadas, que encarecerá las tarifas.

La eliminación de la publicidad de la televisión pública traerá consigo varias consecuencias, casi todas negativas. La 1 logrará ganar alrededor de un punto de audiencia, pero tendrá que buscar nuevos formatos para cubrir huecos en su parrilla. Las cinco horas diarias de publicidad que emite actualmente se tendrán que rellenar con nuevos programas, lo que supondrá un coste añadido (100 millones de euros más que aportará el Gobierno). También se apreciarán cambios en la programación, para bien o para mal. Si TVE ya no compite por la publicidad, puede relajarse en los contenidos y programar los que desee, aunque sean mediocres (más de lo que algunos son en la actualidad). O bien podrá dedicar sus minutos a espacios de servicio público de calidad, como su razón de ser manda, aunque no tengan millones de espectadores. La pregunta clave es si de una vez por todas TVE se dedicará a la audiencia.

El ente público aparece ahora como un muerto caro que necesita seguir viviendo y del que nadie quiere hacerse cargo. Se me hace difícil imaginar los canales de Televisión Española sin publicidad. Veremos como acaba la historia.