domingo, 5 de julio de 2009

Con licencia… para ir al paro

(julio 2009)

Hace cuatro años ingresé en la mayor fábrica de parados y borricos del país, antes conocida como Universidad, en esa Málaga, la ‘merdellona’, donde la ‘z’ se lleva ‘pechá’. Sin saberlo, empecé a escribir los primeros capítulos de la mayor aventura de mi vida. Y se ha pasado tan rápido que quizás no lo haya vivido con toda intensidad. Ahora la primera parte de este inolvidable sueño ha terminado. Se cierra la puerta de una etapa de mi vida, y se abre otra, aunque esté un poco atascada. Es tiempo de echar a volar.

Quiero ser un Don Alguien, pero ahí fuera las cosas no son nada fáciles. Es una profesión, la mía, precaria, mal pagada, en la que se trabaja jornadas interminables (uno es periodista las 24 horas del día), que goza de una cierta antipatía entre la población, y salpicada de una flagrante crispación e intrusismo. Y es esto último lo que más desanima. Personas normales y corrientes o famosillos de tres al cuarto que se dicen periodistas, aunque no hayan pisado ni la cafetería de una facultad de comunicación, una de las asignaturas obligatorias. Aunque no lo parezca, los profesionales de la información tienen, tenemos, una responsabilidad social enorme que muchas veces, por no decir todas, se olvida fácilmente. Y con ello se está jugando peligrosamente. Yo no puedo ser médico, operar a personas, ni hacer trasplantes porque no se nada de medicina. Tampoco puedo ser arquitecto ni ingeniero porque no poseo la facultad para desempeñar estos trabajos. No puedo dedicarme a algo de lo que no tengo conocimientos. Es una simple regla de respeto y sensatez.

Tras tantos problemas e inconvenientes en el periodismo, me llama la atención que luego seamos los propios periodistas quienes exaltemos nuestra profesión por encima de todas. Es lo que tiene la "vocación” (o más bien es aquello de ‘sarna con gusto no pica’). Es una de las carreras con menor índice de demanda laboral y mayor número de estudiantes. Para los que estén dispuestos a lanzarse a esta piscina sin agua: Que miren en su interior y busquen esa vocación y si no la encuentran, asuman la responsabilidad y se preparen para, primero, no encontrar trabajo, y cuando lo encuentren, no saber para cuánto tiempo será.

Con todo esto, se imaginarán el desánimo que produce y las ganas de seguir con todo esto. Pese a todo, conservo la ilusión de siempre por aquello que verdaderamente me llena y me satisface. Hay que mantener la ilusión, al fin y al cabo es ésta la que te mantiene vivo. Pero estoy seguro que es la profesión más bonita del mundo. Y por delante, toda una vida.

Señores, ya soy periodista. Me han hecho falta 500 palabras para decirlo… Siento el discurso yoista que he soltado, pero la felicidad me inunda. ¡Ah! ¡Y busco trabajo! ¡Páselo!

2 comentarios:

Javier Ruiz dijo...

"En esa Málaga, la ‘merdellona’, donde la ‘z’ se lleva ‘pechá’... Creo que está fuera de lugar. Eres simplista e injusto con una ciudad que te ha acogido durante cuatro años. Te equivocastes en este artículo Alann. (Y más sabiendo que se publica en Granada).

LLUVIA ÁCIDA dijo...

Hola Javier. Ante todo, darte las gracias por dejar este comentario en el Blog. Puedes que tengas razón, y quizás sea una frase poco afortunad y simplista. Pero desde luego, mi intención no era echar por tierra a una ciudad que me ha dado muchas cosas, la mayoría de ellas buenas (o muy buenas :))
Espero que las restantes 450 palabras sean de tu agrado.
Un saludo y gracias.
Alberto.