viernes, 11 de diciembre de 2009

El Nobel de la Guerra

Como decía una canción, echar la vista atrás es bueno a veces (uh uh uh), cualquier tiempo pasado nos parece mejor… Bueno, eso si lo que nos ha pasado es digno de recordar y no hace daño (uh uh uh). Voy a ponerlo en práctica. Voy a recordar algo que pasó el mes pasado. Es lo que tengo más fresco. Además, no tengo ganas de pensar demasiado. Soy así de vago.
Barack Obama y los listos a los que se les ocurrió la genial idea de otorgarle el Nobel de la Paz nos han dado una lección magistral de cinismo. Es una tomadura de pelo de las que hacen historia. ¡Si Alfred Nobel levantara la cabeza! En su testamento, este genio dejó escrito que el premio de la paz debería entregarse “a la persona que haya trabajado más o mejor por la fraternidad de las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos”. No le han hecho ni puto caso. En Noruega, académicos, dirigentes y reyes brindaron eufóricos con champán por entregarle un galardón a un presidente cuya primera gran decisión ha sido aumentar las tropas en Afganistán. A un hombre cuyo país es el primer exportador de armas del mundo y que tiene en su historia más de un siglo de acciones genocidas en lugares como Vietnam, Laos, Asia, África, el Medio Oriente o los Balcanes. Vamos, todo lo contrario de lo que quería Nobel.
En su discurso, el presidente de Estados Unidos justificó la guerra. Sí, un Nobel de la Paz defendiendo la guerra... Lo peor de todo es que se quedó tan pancho el tío. Es, cuanto menos, tener poca vergüenza. “La guerra sí que tiene un papel que jugar en la preservación de la paz", dijo. Utiliza la tesis maquiavélica ‘del fin justifica los medios’, pero olvida Obama que esos medios están envenenados y desvirtúan y contradicen cualquier fin pacífico, por no hablar del enorme ego que tal afirmación conlleva. Por su parte, el jurado, parece que avergonzado, más que destacar las virtudes del galardonado no hacía más que justificar el porqué del premio. Nunca pensaron, ni piensan, que esto sólo supone desprestigiar el galardón.
¡Qué desilusión más grande Barack! Medio mundo creyó que eras diferente. Nos la han vuelto a meter doblada. Se evaporó la esperanza. Pero a ver, ¡despertemos! ¿De verdad se podía pensar que podría ser diferente?
En fin, ahora que tiene el premio de la Paz, debe empezar a merecérselo.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Delirios vertebrados

(diciembre 2009)

En un día de esos en que suelo pensar que va a ser el día menos pensado, irremediablemente, sin quererlo, termino por escupir miles de palabras sin ninguna filosofía ni orden, sin conciencia ni consistencia, y quizás sin sentido. Advierto, antes de empezar, que mi corazón está herido y el alma me duele y se desgarra en pedazos.
Dicen que la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado en que te pasen otras cosas. También es aquello que pasa mientras se presta atención a cuestiones insignificantes. Y así, sin darnos cuenta, lo vamos perdiendo todo, cada detalle, mientras vemos la vida pasar, diciéndonos adiós con un perfil triste, escapándose como un tren que sale de su estación para seguir hasta su destino.
La vida es aquello que pasa mientras damos importancia a cosas sin importancia. Es aquello que pasa mientras no valoramos lo que tenemos a nuestro alrededor. No nos damos cuenta de pequeñas cosas que están ahí, que siempre han estado ahí, que a lo mejor son dignas de apreciar pero que sin embargo pasan desapercibidas por delante de nuestros cegados ojos. Cualquier cosa, por pequeña que sea, puede enriquecernos más que cualquier otra que consideramos más beneficiosa. Pero nunca aprendemos: siempre valoramos las cosas sólo en el momento en que las perdemos, cuando ya no hay vuelta atrás. Así somos.
La vida se escapa y no la aprovechamos lo suficiente. Si todas nuestras quejas las transformáramos en acciones que nos llenaran, disfrutaríamos la vida mucho más. Que nunca se sabe cómo y dónde vamos a estar dentro de un segundo. ¿Quién sabe lo que nos tiene preparado el futuro a la vuelta de la esquina? Una de las pocas cosas que sabemos es que estamos vivos, y que somos unos privilegiados. Unos privilegiados por vivir donde vivimos y por vivir como vivimos.
Es tan efímero todo en esta vida... Todo puede cambiar en cualquier instante. En un momento de reflexión me angustio al darme cuenta de que hay cosas que se escapan a mi entendimiento. No me puedo explicar cómo podemos pasar de la amistad más bonita a la enemistad más perniciosa en días, de compartirlo todo a odiarnos con violencia en minutos, de pasar del amor más apasionado al rencor más feroz en segundos. No le encuentro explicación. No entiendo nada.
Nuestra existencia está irremediablemente unida a una palabra: el tiempo. Ese maldito y bendito tiempo. Ese que destruye y que hace realidad los sueños, ese que borra los recuerdos y calma el dolor, ese que nos da y nos quita la vida.

P.D.: Aprovecho estas últimas líneas para dar las gracias de todo corazón a todas aquellas personas que me hacen feliz cada día, que están ahí cuando las necesito, aunque no les diga lo suficiente lo mucho que las quiero. Y también a usted, a ti, por, después de cuatro años, mantener en pie uno de los principales sueños de mi vida. GRACIAS.