(febrero 2010)
No sé cómo se las arregla, pero cada vez que reaparece la termina liando. Hay gestos que hablan por sí solos, que valen más que mil palabras y que describen a la persona que los hace. La ‘peseta’ de Aznar retrata a la perfección su talante y sus formas y lo envuelve en un halo de arrogancia inconcebible en un ex presidente del Gobierno.
Hay veces que somos esclavos de nuestras palabras y actos, que nos siguen pesando como una losa con el paso de los años. Los jóvenes estudiantes de la Universidad de Oviedo le han proferido palabras muy feas, que a lo mejor les ha salido del alma, pero que no se deben decir porque faltan al respeto. Y él les ha contestado haciendo lo mismo. Nada inteligente. Y los papeles, perdidos. Además, con ello demuestra lo poco que aguanta las críticas. Si todos los dirigentes políticos respondieran de esa forma a abucheos y voces discordantes tendrían que implantarse 20.000 dedos en las manos para hacer ‘pesetas’ y cortes de mangas. Pero no lo hacen, además de porque cuesta una pasta y no es viable, porque conocen de sobra las reglas del juego y tienen muy presente que no siempre se puede contentar a todo el mundo. Ya se sabe que es imposible que uno diga algo o actúe sin molestar a nadie. Pese a todo, siempre podremos pensar que ante tanto comentario amargo a lo mejor estaría deseando que le cayera un donut...
Más le hubiese valido dirigir este gesto a los etarras de ‘la roja’. Por una milésima de segundo pensé: “¡Hay que ver lo que une el futbol!”. Une a los españoles, que ya es difícil. Y une también a los que no quieren serlo, que es más difícil todavía... Tardé otra milésima de segundo en dejar de pensar semejante ‘tontá’. Ya nada en esta vida me sorprende pero ver a dos etarras vestidos con la camiseta de la selección española de fútbol es raro, raro, raro… y totalmente incoherente. Yo no haría una broma poniéndome una camiseta de un equipo de un país al cual no quiero pertenecer, que detesto, del que digo que me oprime, tortura y humilla y contra el que atento con crímenes, sangre, extorsión y terror. No tiene ni puta gracia. Pues nada, a ver el Mundial desde la cárcel, que seguro que están ansiosos. Es lo que tiene ser terrorista.
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