Como decía una canción, echar la vista atrás es bueno a veces (uh uh uh), cualquier tiempo pasado nos parece mejor… Bueno, eso si lo que nos ha pasado es digno de recordar y no hace daño (uh uh uh). Voy a ponerlo en práctica. Voy a recordar algo que pasó el mes pasado. Es lo que tengo más fresco. Además, no tengo ganas de pensar demasiado. Soy así de vago.
Barack Obama y los listos a los que se les ocurrió la genial idea de otorgarle el Nobel de la Paz nos han dado una lección magistral de cinismo. Es una tomadura de pelo de las que hacen historia. ¡Si Alfred Nobel levantara la cabeza! En su testamento, este genio dejó escrito que el premio de la paz debería entregarse “a la persona que haya trabajado más o mejor por la fraternidad de las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos”. No le han hecho ni puto caso. En Noruega, académicos, dirigentes y reyes brindaron eufóricos con champán por entregarle un galardón a un presidente cuya primera gran decisión ha sido aumentar las tropas en Afganistán. A un hombre cuyo país es el primer exportador de armas del mundo y que tiene en su historia más de un siglo de acciones genocidas en lugares como Vietnam, Laos, Asia, África, el Medio Oriente o los Balcanes. Vamos, todo lo contrario de lo que quería Nobel.
En su discurso, el presidente de Estados Unidos justificó la guerra. Sí, un Nobel de la Paz defendiendo la guerra... Lo peor de todo es que se quedó tan pancho el tío. Es, cuanto menos, tener poca vergüenza. “La guerra sí que tiene un papel que jugar en la preservación de la paz", dijo. Utiliza la tesis maquiavélica ‘del fin justifica los medios’, pero olvida Obama que esos medios están envenenados y desvirtúan y contradicen cualquier fin pacífico, por no hablar del enorme ego que tal afirmación conlleva. Por su parte, el jurado, parece que avergonzado, más que destacar las virtudes del galardonado no hacía más que justificar el porqué del premio. Nunca pensaron, ni piensan, que esto sólo supone desprestigiar el galardón.
¡Qué desilusión más grande Barack! Medio mundo creyó que eras diferente. Nos la han vuelto a meter doblada. Se evaporó la esperanza. Pero a ver, ¡despertemos! ¿De verdad se podía pensar que podría ser diferente?
En fin, ahora que tiene el premio de la Paz, debe empezar a merecérselo.
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