(julio 2010)
Un abrazo, Santiago. Todos los informativos mostraron la semana pasada, con una normalidad asombrosa, al Rey pidiéndole al Apóstol que resolviera “cuanto antes” la crisis económica y defendiera la unidad de España. Así, tal cual. "El rey le pide al santo..." Como si fuera lo más normal del mundo. Y puestos a pedir, que sea rapidito. Espero que el señor Apóstol se apiade de nosotros y no se lo tome a mal, no sea que nos lo ponga todavía peor. No contento con eso, además se atrevió a indicarle la forma de hacerlo: "Iluminando a nuestras autoridades y responsables políticos, económicos y sociales”. Juan Carlos I dixit. Tú puedes, Santiago. Por cierto, ¿nuestro estado no era aconfesional? ¿Qué hace entonces el máximo representante de TODOS los españoles en un acto oficial invocando a un santo?
Preguntas retóricas aparte, qué fe tiene nuestro Rey. Poderes sobrenaturales tendría que tener el pobre Apóstol para cumplir ese deseo. Además, no creo que esté para esos trotes. A los políticos hace mucho que se les apagó la bombilla. Zapatero sigue a lo suyo, y amenaza con pedir más esfuerzos si fuera necesario (¿Más, José Luis?) Rajoy y los suyos siguen beneficiándose de la crisis, de los errores ajenos, con los que, si no hay milagro mediante, llegarán al poder. Lo tienen fácil, pero no es ningún mérito. Y de fondo, como un run run incansable a la par que molesto, los recortes. Hay que ahorrar dinero como sea, y a costa de lo que sea. Recortes en (casi) todo. En el gasto social, en la educación, en la sanidad… En casi todo menos en lo que realmente es necesario.
La tijerita de nuestros mandatarios andaluces ha llegado por fin al conglomerado de empresas públicas de la Comunidad. La criatura, a la que alimentamos todos, se ha convertido en un mastodonte formado por nada más y nada menos que 254 empresas públicas. ¿Y todas eran necesarias? 254, con sus respectivos cargos de confianza cobrando sueldos millonarios. Ahora se quedarán en 153. Se asegura desde la Junta que esta operación no perjudicará a la prestación de los servicios públicos ni afectará al empleo, pero de eliminar altos cargos no dicen nada de nada. Hay que reducir el gasto pero, ¿cómo se mata a la criatura? ¿Cómo se mata a esa criatura donde están colocados todos los amiguitos?
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