(agosto 2010)
¡Qué brillante faena! Por mí se llevaría las dos orejas, el rabo, una ovación y 20 vueltas al ruedo como mínimo. Una vez más, Mariano Rajoy ha estado que se sale. “Algún día habrá que sacar un decreto en España que diga prohibido prohibir”, espetó en relación a la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Por una extraña razón olvida que su partido se empeña en prohibir, entre otras cosas, el burka y determinadas huelgas. Se les ve el plumero un poco-mucho.
Prohibir los toros no significa recortar las libertades individuales. No es una cuestión de libertad del ser humano. Se trata de la libertad del toro y del respeto que merece como ser vivo. No se trata de prohibir, sino de no permitir este tipo de violencia. Esta noticia debería ser una alegría para todos los seres humanos con cierta sensibilidad y sentido común. Hagamos un profundo ejercicio de reflexión, y pensemos en el fondo de ese espectáculo. Es cruel, muy cruel. Miles de personas pagan para ver el maltrato y la humillación pública de un animal indefenso. Y eso se festeja, vitorea y aplaude. Es una salvajada donde el sufrimiento de un ser provoca regocijo y diversión.
No es excusa decir que es una tradición de siglos y que forma parte de nuestra cultura. Que una acción se venga produciendo a lo largo del tiempo no ofrece ninguna razón moral para seguir realizándola. Es un espectáculo sangriento más propio del siglo XIV que del XXI. No se puede matar ni hacer daño en nombre de una tradición. Las cuestiones éticas han de ser razones para replantearnos nuestras costumbres.
Además, es injusto relacionar esta decisión con motivos políticos y antiespañolistas. Hay que recordar que se trata de una Iniciativa Legislativa Popular avalada por 180.000 ciudadanos y que tiene apoyos en el resto de España. Hay muchos españoles en contra de eso que se empeñan en llamar “fiesta nacional”. Yo no me siento identificado con esa barbarie y no quiero una España de pandereta y circo.
Espero que esta iniciativa se extienda cuanto antes a otras comunidades, aunque va a ser complicado. Pero de momento, prohibir las corridas de toros en Cataluña es un gran paso. Es una decisión de la que tendríamos que estar contentos. Con ella los españoles, todos, somos un poco más humanos.
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