jueves, 25 de noviembre de 2010

Borregos consentidos

(noviembre 2010)

Deplorable. Esa imagen tiene de los políticos la gran mayoría de los jóvenes españoles. Y las razones para pensar así de ellos son demoledoras: "buscan antes sus propios intereses, los de su partido o los de las multinacionales y los bancos que los intereses de los ciudadanos”. No lo digo yo, sino el informe ‘Jóvenes Españoles 2010’ elaborado por la Fundación SM. Viendo estos datos, me pregunto qué sociedad democrática se puede esperar cuando la gran masa de votantes del futuro no cree en los políticos ni en la política. Lo más grave es que más de la mitad piensa que ésta no tiene que ver con ellos ni afecta, en absoluto, a su vida privada. No sé qué futuro nos espera pensando así. Nos hemos convertido en unos perfectos borregos, unos borregos consentidos. No sabemos lo que pasa en la política, y ni siquiera lo queremos saber. Así que pueden hacer con nosotros lo que quieran. Además, los jóvenes de hoy en día por no creer no creen ya ni siquiera en el futuro. Casi la mitad declara su falta de confianza en un futuro prometedor, independientemente de la crisis económica. Aunque en este caso somos pesimistas con causa, por todo lo que nos está tocando y tocará vivir.
Se dice de nosotros, los jóvenes, que no somos buena generación, que somos la generación perdida. Se nos acusa injustamente de no tener más preocupación en la vida que salir de fiesta o hacer botellón. Pero el mundo que hemos heredado es penoso. Nos han mentido. Nos han prometido una sociedad libre, segura y democrática y una vida digna, y todo es mentira. No hay nada eso. Somos víctimas de un sistema que nos ha dado de lado, de un sistema injusto en el que no hay margen para la participación porque la toma de decisiones parte siempre de los mismos, de los más poderosos. Pero ante esto, me inquieta ver que ya ni nos quejamos. ¿Qué ha sido de la rebeldía juvenil? Lejos quedan los días de revueltas estudiantiles, asambleas universitarias y manifestaciones multitudinarias de décadas pasadas. La solución no es agachar la cabeza, recibir collejas y aceptar todo lo que venga porque creamos que no somos capaces de cambiar las cosas. Porque con esa actitud de pasividad no vamos a ningún lugar. Porque está en nuestras manos cambiar las cosas.