martes, 25 de enero de 2011

El show de los pinganillos

(enero 2011)

No estaban en la Eurocámara, ni tampoco en la ONU. Pero lo parecía. Desde la óptica de muchos, la imagen de los senadores con auriculares para entenderse unos a otros es el reflejo de la normalidad plurinacional de España, donde las distintas lenguas cooficiales del estado, tan válidas y antiguas como el español, por fin se integran en el Senado. Para ellos supone un paso histórico con el que la riqueza y diversidad lingüística de nuestro país se respeta y valora.
Es, sin duda, una imagen con una importante carga de simbolismo… pero poco más. Para muchos otros esa escena nos parece algo chusca e inútil. Resulta triste y ridículo ver a españoles intentando entenderse con otros españoles por medio de traductores. Las lenguas sirven para comunicarse, pero algo va mal cuando se utilizan para incomunicarse, como en este caso. Aquí el pinganillo se está utilizando para poner barreras, no para superarlas. Todos los senadores, sin excepción, hablan perfectamente el idioma común, el castellano, que utilizan para comunicarse entre ellos fuera de la cámara. Por tanto, parece absurdo que estos mismos senadores, dentro de ella, utilicen un traductor para entenderse con la misma persona con la que cinco minutos antes estaban conversando en español. Si en una asamblea nacional con un idioma común hacen falta decenas de traductores para cruzarse cinco idiomas, la imagen que se está dando es la de un país empeñado hasta el absurdo en entenderse mal.
Y más esperpéntico parece, y casi insultante, teniendo la situación económica que tenemos. No se nos pueden pedir esfuerzos y sacrificios para reducir el déficit y gastar 350.000 euros en estas traducciones simultáneas. Con la que está cayendo, este gasto se convierte en antisolidario. Con ese dinero podrían comer muchas familias de parados que no cobran ninguna prestación o que se van a quedar sin ingresos en los próximos días. Parados para los que no hay idioma en el mundo en el que entender este gasto.
Pero a pesar de todo, no se trata del dinero sino de lo que se transmite a la sociedad. Una sociedad que espera mensajes de entendimiento y voluntad, a lo que desde luego el show de los pinganillos no ayuda en absoluto. Porque muchos seguirán pensando, y con razón, que por mucho pinganillo que se pongan, o por mucho que les traduzcan, nuestros senadores ni se van a enterar, ni se van a poner de acuerdo.