(febrero 2011)
Al famoso insumiso de la Ley Antitabaco, ese del asador de Marbella, le han metido un buen puro. Tanta chulería y prepotencia sólo hacían presagiar un mal final para este vengador ‘justiciero’, fanfarrón e ignorante a la vez. Todos sus humos se quedaron en eso, en humos, pero de los malos, como los que había dentro de su restaurante hasta hace pocos días. En su particular cruzada protabaco, este autodenominado ‘mártir de la libertad’ se creyó capaz de estar por encima de las leyes, mientras hacía rentable su disparate vendiendo chuletones a la parrilla. Pese a todo, dudo mucho que haya ganado lo suficiente como para hacer frente a la multa de 145.000 euros que le han metido… por chulo.
Ya se sabe que nunca se legisla al gusto de todos. Como es lógico y respetable, cualquier norma tiene partidarios y detractores, pero todas, nos gusten o no, han de cumplirse en un Estado de derecho. Esa es una de las principales reglas del juego democrático. Y quien quebrante una ley al final lo termina pagando, no hay más vueltas de hoja. Es totalmente lícito luchar contra una norma que se cree desafortunada, pero siguiendo los cauces adecuados. Más le hubiese valido a este hombre limitarse a recoger firmas y haber evitado esos aires de chulería politizada.
Este friki del asador ha confundido la libertad con el libertinaje. E ignora, o lo sabe, pero le da igual, que esta Ley está aprobada no por un “gobierno marxista, dictatorial y terrorista”, como él tanto repite, sino por el consenso de la soberanía popular que emana del Congreso. Y en ese consenso están tanto los votos del PSOE como los del PP, partido, por cierto, con el que tanto simpatiza. Y eso ya es algo de democracia. Claro que este argumento sólo es válido cuando esa palabra, democracia, tiene cabida en tu vocabulario. Y este parece no ser el caso, a tenor de los dos meses que ha estado pasándose la ley por donde todos ustedes piensan.
Esta ley Antitabaco no es de izquierdas, ni de derechas. No es una cuestión política, sino de salud. Esta norma protege a los que no fumamos, a los que no queremos tragarnos los malos humos ajenos que hemos aguantado durante años en bares, restaurantes y discotecas. Ahora gracias a ella ya podemos respirar tranquilos. Nada más que por eso esta ley tiene valor.