(mayo 2011)
Por fin despierta la conciencia social que estaba adormecida. Por fin el pueblo empieza a rebelarse y deja de agachar la cabeza bajo los abusos de la clase política y económica. Es el momento de que los ciudadanos recuperemos el poder que nunca tuvimos que haber perdido. Esta no es una lucha entre la derecha y la izquierda, sino entre los que mandan y la ciudadanía. Es una batalla para conseguir nuevas formas de hacer política y una democracia más justa y participativa.
Por fin el pueblo se levanta para protestar, porque nos sobran los motivos. La lista de insultos que percibimos los ciudadanos por parte de los políticos es cada vez mayor. Es una clase política bronca y cínica, cada vez más alejada de los ciudadanos a los que ya no ilusionan ni representan.
Estamos cansados, muy cansados, de ver cómo muchos políticos se burlan del sistema democrático sin que nadie proteste. Cansados de que nos hagan cómplices de la corrupción y de ver cómo el debate de ideas ha sido remplazado por un cruce de insultos. Estamos hartos de unos partidos políticos en los que triunfa el clientelismo y no la inteligencia, y de soportar una Ley Electoral a todas luces injusta, que favorece el bipartidismo. Hartos de ver como alegremente se deshonran conceptos como justicia, libertad o democracia que deberían ser sagrados. Hay que hacer cambiar a quienes se han acomodado en el poder y tratan a los ciudadanos como una mercancía, como una pieza más del sistema y no como el sistema mismo.
Esos miles de jóvenes, y no tan jóvenes, del Movimiento 15-M están dando una auténtica lección de civismo y ciudadanía en cada una de las concentraciones pacíficas. Es injusto que se les tache de antisistema cuando lo que están haciendo es intentar mejorar el sistema. Además, son unos ignorantes quienes dicen que están boicoteando la democracia. En la Puerta del Sol y en tantas otras plazas españolas y del mundo se está haciendo política minuto a minuto. Con respeto y orden, se escuchan todas las voces, se intercambian ideas y confrontan opiniones y se vota libremente cada propuesta e iniciativa. Y eso, sin duda, es democracia.
Con la fuerza de todos se está haciendo algo grande, se está construyendo un nuevo futuro. Esto no puede quedar en papel mojado. Todos debemos apoyar este movimiento porque sus reivindicaciones son justas y tremendamente necesarias. Resistiendo se gana, y hay que resistir.
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