(julio 2011)
El ‘efecto Rubalcaba’ empieza a notarse. Según el último barómetro del CIS, el PSOE recorta 3,3 puntos la distancia que tiene con el PP, aunque el partido de Mariano Rajoy ganaría las elecciones con una ventaja de 7,1 puntos. Parece que la elección del exministro como candidato a las generales abre una puerta a la recuperación socialista, aunque el camino se percibe todavía complicado.
Los interrogantes clave son, por un lado, si va a haber partido, es decir, si al PSOE le dará tiempo a darle la vuelta a las encuestas antes de que lleguen las elecciones generales. Por otro, si éstas finalmente se van a adelantar a otoño. Lo primero, lo dudo. Hay mucho votante desencantado al que es muy difícil convencer a estas alturas. Sobre lo segundo, me inclino por apostar que los comicios van a celebrarse antes de marzo. Cuanto más tiempo pase más denostado va a estar el gobierno y más puede perjudicar al candidato socialista.
Sea como fuese, la fecha de los comicios se fijará atendiendo a un cálculo electoral y con un interés partidista. Y sea cuando sea, los ciudadanos elegirán mayoritariamente, porque así es el maldito bipartidismo nuestro, entre dos candidatos bien diferentes. Por un lado, Rajoy, que se presenta sin propuestas y soluciones concretas. Bueno, sí: lo único destacable es que ha amenazado con derogar muchas de las leyes aprobadas por el Congreso en los últimos ocho años. Como único discurso visible, su partido y él no se cansan de repetir una y otra vez que el presidente convoque elecciones ya. Pretenden, una vez en la Moncloa, solucionar los problemas de España varita mágica en mano. Están esperando el poder, viéndolo venir, pero sin hacer nada para merecérselo.
Frente a él, otro candidato, Rubalcaba, que intenta por todos los medios diferenciarse del discurso del gobierno de Zapatero. Está centrando sus esfuerzos en convencer a una gran parte de los electores de izquierdas que se sienten engañados y traicionados por las políticas de derechas y poco sociales que ha llevado a cabo el presidente del gobierno. Ahora quiere que creamos que girará a la izquierda, sacando a la luz propuestas que suenan de su boca demasiado oportunistas y poco creíbles, y que fue incapaz, o no quiso o pudo, poner en práctica cuando estaba en el gobierno.
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