(octubre 2011)
Nunca antes una palabra, “definitivo”, había provocado tanto alivio entre tantas personas: entre los familiares de las 829 víctimas que han tenido que vivir en primera persona la sinrazón terrorista; entre todos aquellos que convivían cada día con la amenaza constante; y entre todos los españoles en general, que hemos presenciado desde primera fila la victoria del Estado de derecho. Echamos de menos que pidieran perdón, que entregasen las armas y que dijeran que se disolvían, pero el anuncio del cese de la actividad armada es un paso muy importante. El 20 de octubre de 2011 pasará a la historia como el día en que por fin la democracia derrotó a ETA.
De todas las reacciones al comunicado de la banda me llamó la atención la valoración del candidato del PP, Mariano Rajoy. “Lo importante es que ETA ha declarado el cese definitivo de la violencia, eso no ha ocurrido nunca. No hay nadie que no se pueda alegrar. No ha habido ninguna concesión política”, dijo. Palabras sensatas que contrastan con las que en numerosas ocasiones ha pronunciado en estos últimos años de gobierno Zapatero. Llegó a decir del todavía presidente que traicionaba a los muertos y que había “revigorizado a una ETA moribunda”. Inaceptable. No sé a cuál de los dos Rajoy tengo que creerme. Quizás tenga algo que ver que las elecciones generales estén a la vuelta de la esquina.
Pero ahora que Rajoy se alegra, los ultras de su partido están que trinan: Aguirre, Aznar, Mayor Oreja siguen con sus paranoias y acusan al gobierno, sin ningún tipo de pudor ni vergüenza, de ser aliado potencial de la banda de asesinos. No estaría mal que Rajoy desautorizara estas palabras tan sucias.
Tampoco se alegran los medios de la derecha. Sus comentarios de los últimos días denotan cierto resquemor por lo sucedido. Aquellos que justificaban treguas pasadas y alababan con titulares a cinco columnas el diálogo con la banda durante los gobiernos de Aznar, ahora desprecian lo sucedido y continúan alentando conspiraciones sin sentido. Mucho me temo que sus portadas habrían sido muy diferentes si ETA hubiera anunciado su fin con Rajoy o Aznar en la Moncloa.
No es el momento de divisiones ni de pensamientos conspiranoicos. La unidad de los demócratas ha de dictar el camino a seguir para lograr una convivencia pacífica en el País Vasco, entre los que cada día miraban a los bajos de su coche y aquellos que justificaban los asesinatos. Es un futuro todavía difícil pero ahora, sin ETA, más esperanzador.
domingo, 30 de octubre de 2011
La que se avecina
(septiembre 2011)
Han intentado perpetrar un atentado contra el derecho a la información y contra la dignidad periodística. Sólo así cabe describir la pretensión de los miembros del Consejo de Administración de RTVE de vigilar los contenidos de los Telediarios, es decir, de controlar lo que se va decir en cada noticia y cómo se va a decir. Eso sólo puede abrir vía libre a la censura previa y a cualquier intento de presión, menoscabando de paso la independencia profesional de los periodistas. Es lamentable y vergonzante pretender tener un control político de la información, y más tan explícitamente como han intentado hacer.
Quizás lo más sorprendente es que no se haya producido una sonora manifestación en contra de semejante despropósito. Eso quiere decir que no sólo el Partido Popular, del que salió la propuesta, cree lo que quiere hacer, sino que los demás partidos también comparten ese punto de vista. Sorprende comprobar que todavía pueda existir este pensamiento entre nuestros políticos, que de manera tan obscena han pretendido hacerlo legal. Con este hecho queda patente cómo la política no termina o no quiere comprender en qué consiste el papel de la información libre en una sociedad democrática, creyendo que los productos informativos se pueden controlar y confeccionar a su antojo.
Además, también se comprueba cómo las reiteradas y falaces denuncias que hace el PP sobre la supuesta falta de neutralidad de TVE se quedan en un chiste malo. ¿Con qué cara se quejan de la manipulación de la televisión pública si ellos mismos proponen acceder –y esta es la tercera vez que lo hacen- al programa informático de los periodistas con ese mismo objetivo? Mucho me temo que este es sólo un anticipo de lo que nos espera durante los cuatro próximos años si los populares finalmente se hacen con el poder. Me entristece y aterra pensar en otra era Urdaci en la pública, con lo bien que está TVE ahora...
Pero tal vez ésta pretensión esté envuelta de cobardía, de querer controlar los contenidos periodísticos para evitar que nunca se hable mal de ellos, y tan sólo exista un flujo propagandístico de su gestión. No deben olvidar que su trabajo es rendir cuentas ante los ciudadanos y el de los periodistas el de cuestionar sus acciones y palabras, desconfiar y ponerles en aprietos. En el periodismo no deber haber ningún tipo de complacencia. Son las reglas del juego de una sociedad democrática, y sólo cumpliéndolas se construye una democracia de calidad. Que no lo olviden.
Han intentado perpetrar un atentado contra el derecho a la información y contra la dignidad periodística. Sólo así cabe describir la pretensión de los miembros del Consejo de Administración de RTVE de vigilar los contenidos de los Telediarios, es decir, de controlar lo que se va decir en cada noticia y cómo se va a decir. Eso sólo puede abrir vía libre a la censura previa y a cualquier intento de presión, menoscabando de paso la independencia profesional de los periodistas. Es lamentable y vergonzante pretender tener un control político de la información, y más tan explícitamente como han intentado hacer.
Quizás lo más sorprendente es que no se haya producido una sonora manifestación en contra de semejante despropósito. Eso quiere decir que no sólo el Partido Popular, del que salió la propuesta, cree lo que quiere hacer, sino que los demás partidos también comparten ese punto de vista. Sorprende comprobar que todavía pueda existir este pensamiento entre nuestros políticos, que de manera tan obscena han pretendido hacerlo legal. Con este hecho queda patente cómo la política no termina o no quiere comprender en qué consiste el papel de la información libre en una sociedad democrática, creyendo que los productos informativos se pueden controlar y confeccionar a su antojo.
Además, también se comprueba cómo las reiteradas y falaces denuncias que hace el PP sobre la supuesta falta de neutralidad de TVE se quedan en un chiste malo. ¿Con qué cara se quejan de la manipulación de la televisión pública si ellos mismos proponen acceder –y esta es la tercera vez que lo hacen- al programa informático de los periodistas con ese mismo objetivo? Mucho me temo que este es sólo un anticipo de lo que nos espera durante los cuatro próximos años si los populares finalmente se hacen con el poder. Me entristece y aterra pensar en otra era Urdaci en la pública, con lo bien que está TVE ahora...
Pero tal vez ésta pretensión esté envuelta de cobardía, de querer controlar los contenidos periodísticos para evitar que nunca se hable mal de ellos, y tan sólo exista un flujo propagandístico de su gestión. No deben olvidar que su trabajo es rendir cuentas ante los ciudadanos y el de los periodistas el de cuestionar sus acciones y palabras, desconfiar y ponerles en aprietos. En el periodismo no deber haber ningún tipo de complacencia. Son las reglas del juego de una sociedad democrática, y sólo cumpliéndolas se construye una democracia de calidad. Que no lo olviden.
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