domingo, 30 de octubre de 2011

La que se avecina

(septiembre 2011)

Han intentado perpetrar un atentado contra el derecho a la información y contra la dignidad periodística. Sólo así cabe describir la pretensión de los miembros del Consejo de Administración de RTVE de vigilar los contenidos de los Telediarios, es decir, de controlar lo que se va decir en cada noticia y cómo se va a decir. Eso sólo puede abrir vía libre a la censura previa y a cualquier intento de presión, menoscabando de paso la independencia profesional de los periodistas. Es lamentable y vergonzante pretender tener un control político de la información, y más tan explícitamente como han intentado hacer.
Quizás lo más sorprendente es que no se haya producido una sonora manifestación en contra de semejante despropósito. Eso quiere decir que no sólo el Partido Popular, del que salió la propuesta, cree lo que quiere hacer, sino que los demás partidos también comparten ese punto de vista. Sorprende comprobar que todavía pueda existir este pensamiento entre nuestros políticos, que de manera tan obscena han pretendido hacerlo legal. Con este hecho queda patente cómo la política no termina o no quiere comprender en qué consiste el papel de la información libre en una sociedad democrática, creyendo que los productos informativos se pueden controlar y confeccionar a su antojo.
Además, también se comprueba cómo las reiteradas y falaces denuncias que hace el PP sobre la supuesta falta de neutralidad de TVE se quedan en un chiste malo. ¿Con qué cara se quejan de la manipulación de la televisión pública si ellos mismos proponen acceder –y esta es la tercera vez que lo hacen- al programa informático de los periodistas con ese mismo objetivo? Mucho me temo que este es sólo un anticipo de lo que nos espera durante los cuatro próximos años si los populares finalmente se hacen con el poder. Me entristece y aterra pensar en otra era Urdaci en la pública, con lo bien que está TVE ahora...
Pero tal vez ésta pretensión esté envuelta de cobardía, de querer controlar los contenidos periodísticos para evitar que nunca se hable mal de ellos, y tan sólo exista un flujo propagandístico de su gestión. No deben olvidar que su trabajo es rendir cuentas ante los ciudadanos y el de los periodistas el de cuestionar sus acciones y palabras, desconfiar y ponerles en aprietos. En el periodismo no deber haber ningún tipo de complacencia. Son las reglas del juego de una sociedad democrática, y sólo cumpliéndolas se construye una democracia de calidad. Que no lo olviden.

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