domingo, 30 de octubre de 2011

Una sensatez oportuna

(octubre 2011)

Nunca antes una palabra, “definitivo”, había provocado tanto alivio entre tantas personas: entre los familiares de las 829 víctimas que han tenido que vivir en primera persona la sinrazón terrorista; entre todos aquellos que convivían cada día con la amenaza constante; y entre todos los españoles en general, que hemos presenciado desde primera fila la victoria del Estado de derecho. Echamos de menos que pidieran perdón, que entregasen las armas y que dijeran que se disolvían, pero el anuncio del cese de la actividad armada es un paso muy importante. El 20 de octubre de 2011 pasará a la historia como el día en que por fin la democracia derrotó a ETA.
De todas las reacciones al comunicado de la banda me llamó la atención la valoración del candidato del PP, Mariano Rajoy. “Lo importante es que ETA ha declarado el cese definitivo de la violencia, eso no ha ocurrido nunca. No hay nadie que no se pueda alegrar. No ha habido ninguna concesión política”, dijo. Palabras sensatas que contrastan con las que en numerosas ocasiones ha pronunciado en estos últimos años de gobierno Zapatero. Llegó a decir del todavía presidente que traicionaba a los muertos y que había “revigorizado a una ETA moribunda”. Inaceptable. No sé a cuál de los dos Rajoy tengo que creerme. Quizás tenga algo que ver que las elecciones generales estén a la vuelta de la esquina.
Pero ahora que Rajoy se alegra, los ultras de su partido están que trinan: Aguirre, Aznar, Mayor Oreja siguen con sus paranoias y acusan al gobierno, sin ningún tipo de pudor ni vergüenza, de ser aliado potencial de la banda de asesinos. No estaría mal que Rajoy desautorizara estas palabras tan sucias.
Tampoco se alegran los medios de la derecha. Sus comentarios de los últimos días denotan cierto resquemor por lo sucedido. Aquellos que justificaban treguas pasadas y alababan con titulares a cinco columnas el diálogo con la banda durante los gobiernos de Aznar, ahora desprecian lo sucedido y continúan alentando conspiraciones sin sentido. Mucho me temo que sus portadas habrían sido muy diferentes si ETA hubiera anunciado su fin con Rajoy o Aznar en la Moncloa.
No es el momento de divisiones ni de pensamientos conspiranoicos. La unidad de los demócratas ha de dictar el camino a seguir para lograr una convivencia pacífica en el País Vasco, entre los que cada día miraban a los bajos de su coche y aquellos que justificaban los asesinatos. Es un futuro todavía difícil pero ahora, sin ETA, más esperanzador.

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