(diciembre 2011)
No defraudó. Tantas veces se describió como un político “previsible” que en esta ocasión evidentemente no se saltó el guión. Su discurso de investidura nos dejó de nuevo a un Mariano Rajoy marcado por la poca claridad y la indefinición que le caracteriza. Esbozó unas líneas muy generales de gobierno, con muchos compromisos pero poca concreción, aparte de anuncios nuevos aunque menores, como la eliminación de puentes festivos o la creación de un ministerio de Agricultura.
Anunció un profundo plan de ajuste del que, dijo, sólo se salvarán las pensiones. Pretende recortar 16.500 millones de euros en el gasto público, aunque no aclaró dónde meterá la tijera. Su gran objetivo es “estimular el crecimiento y potenciar la creación de empleo”, pero en la práctica, la gran receta va en sentido contrario: la austeridad en el gasto.
Tampoco dijo de dónde iba a sacar los 10.000 millones de euros que costarán los incentivos fiscales que propone y afirmó que “no era su intención” subir impuestos. No sé a ustedes, pero a mí no me salen las cuentas... Además, algunas medidas a las que tanto se opuso, como el incremento en la edad de jubilación o el recorte del sueldo de los funcionarios, ahora las dejará tal y como están.
Y no hubo rastro de sus medidas más duras. Probablemente las dejará para después de las elecciones andaluzas, y eso a pesar de tener apoyo parlamentario suficiente para sacar adelante todas sus propuestas. De momento el turrón no se nos atragantará en Navidad, aunque más pronto que tarde nos enteraremos de sus planes. Llama la atención esta decisión de tomarse un tiempo para afrontar las reformas que le urge la Unión Europea. La mayor parte de las iniciativas que desgranó en el discurso se posponen al primer trimestre del próximo año, lo que desmiente la urgencia de aplicar medidas que reclamó cuando estaba en la oposición.
Él y su partido prometieron un cambio, y nos animaron a que nos sumáramos a él. Pero, según vemos, todo va a seguir igual. En materia económica Rajoy parece poner un punto y seguido, en vez de empezar una página nueva. Su política económica será muy similar a la del último año y medio de Zapatero. Y su prioridad, como la del expresidente, será idéntica: cumplir con el déficit. Con la prima de riesgo en más de 300 puntos y la vigilancia constante de Merkel y Zarkozy, no se puede esperar otra cosa. Las diferencias, pues, serán de matiz y de intensidad, pero poco más. No se percibe un gran cambio a la vista.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Involución
(noviembre 2011)
Ya está aquí nuestro salvador, el que alardeaba de saber (aunque nunca dijo) cómo sacarnos de esta maldita crisis. En los últimos tres años no se ha cansado de decir que era indispensable un cambio de gobierno, que sólo votándole a él se acabaría el paro y mejorarían las cosas. Pero era puro marketing. Ahora, sabiéndose ganador, recula. Dice que no hay milagros, que no tiene la varita mágica para cambiar esta situación.
En la valoración que hizo sobre el resultado electoral (leída, claro) afirmó que nadie tiene que sentir inquietud porque él gobierne, ya que no habrá más enemigos que el paro y la crisis. Dice eso porque sabe que hay gente que le teme. Y no es para menos. Ha prometido que va a recortar en todo, menos en las pensiones. Así que la educación, la sanidad y la Dependencia, que deberían ser sagradas, ahora no están a salvo de los tijeretazos.
Además, están en el aire muchas de las leyes sobre avances sociales que han sido aprobadas en los últimos años. Por ejemplo, la ley del Matrimonio Homosexual, la de Igualdad o la del Aborto. Derechos adquiridos que disfrutan millones de españoles y que ahora podrían desaparecer. Si quiere derogarlas, ahora con su mayoría absoluta no habrá nadie que se lo impida. Por todo ello, sobran las razones para estar preocupados.
A la vista de los resultados, una conclusión clara que se puede sacar es que los populares no han ganado por su subida de votos, sino que su triunfo se debe más bien al descalabro estrepitoso del PSOE. Los ciudadanos no han apoyado masivamente al PP. De hecho, sólo ha obtenido alrededor de 550.000 votos más que en 2008. Pero los 4,3 millones que ha perdido el PSOE se han repartido entre otros partidos más pequeños a los que, gracias a la ley electoral, obtener escaño les cuesta más votos que al PP. De ahí que los populares lo hayan tenido más fácil.
Otros dos datos significativos que nos dejan los resultados: con casi 460.000 votos más que Rajoy ahora, Zapatero se quedó a siete escaños de la mayoría absoluta hace cuatro años. Ahora el líder popular la supera en 10 escaños; Y con un punto porcentual más que Zapatero en 2008, Rajoy consigue 17 diputados más. Datos que reflejan que el sistema electoral es a todas luces injusto y desproporcionado.
Ya está aquí nuestro salvador, el que alardeaba de saber (aunque nunca dijo) cómo sacarnos de esta maldita crisis. En los últimos tres años no se ha cansado de decir que era indispensable un cambio de gobierno, que sólo votándole a él se acabaría el paro y mejorarían las cosas. Pero era puro marketing. Ahora, sabiéndose ganador, recula. Dice que no hay milagros, que no tiene la varita mágica para cambiar esta situación.
En la valoración que hizo sobre el resultado electoral (leída, claro) afirmó que nadie tiene que sentir inquietud porque él gobierne, ya que no habrá más enemigos que el paro y la crisis. Dice eso porque sabe que hay gente que le teme. Y no es para menos. Ha prometido que va a recortar en todo, menos en las pensiones. Así que la educación, la sanidad y la Dependencia, que deberían ser sagradas, ahora no están a salvo de los tijeretazos.
Además, están en el aire muchas de las leyes sobre avances sociales que han sido aprobadas en los últimos años. Por ejemplo, la ley del Matrimonio Homosexual, la de Igualdad o la del Aborto. Derechos adquiridos que disfrutan millones de españoles y que ahora podrían desaparecer. Si quiere derogarlas, ahora con su mayoría absoluta no habrá nadie que se lo impida. Por todo ello, sobran las razones para estar preocupados.
A la vista de los resultados, una conclusión clara que se puede sacar es que los populares no han ganado por su subida de votos, sino que su triunfo se debe más bien al descalabro estrepitoso del PSOE. Los ciudadanos no han apoyado masivamente al PP. De hecho, sólo ha obtenido alrededor de 550.000 votos más que en 2008. Pero los 4,3 millones que ha perdido el PSOE se han repartido entre otros partidos más pequeños a los que, gracias a la ley electoral, obtener escaño les cuesta más votos que al PP. De ahí que los populares lo hayan tenido más fácil.
Otros dos datos significativos que nos dejan los resultados: con casi 460.000 votos más que Rajoy ahora, Zapatero se quedó a siete escaños de la mayoría absoluta hace cuatro años. Ahora el líder popular la supera en 10 escaños; Y con un punto porcentual más que Zapatero en 2008, Rajoy consigue 17 diputados más. Datos que reflejan que el sistema electoral es a todas luces injusto y desproporcionado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)