(diciembre 2007)
El tiempo es un elemento perverso para la profesión periodística. Su transcurso convierte las noticias en obsoletas con demasiada celeridad. Pero aquellos hechos pasados de los que conocemos nuevos detalles vuelven a ser noticia. Dos ejemplos:
El gallito venezolano tocó la moral y otras cosas a nuestro Rey, y éste, que ha demostrado ser humano y tener sangre en las venas en lugar horchata, le mandó callar en público. “¿Por qué no te callas?”, le dijo, al ver como Chávez no respetaba el turno de palabra de Zapatero. Sólo le faltó “coño” o “cojones” para hacer aún más española la frase. Está claro que a Chávez, acostumbrado a soltar bichos y culebras pos su boca y a increpar a todo el que se le pone entre ceja y ceja, había que callarle y pararle los pies. Pero la famosa frase fue una salida de tono. No son palabras de un rey, por lo menos de nuestro Rey. Chirría un poco esa frase en boca del monarca.
Una vez pasado el tiempo, podemos analizar la cuestión reposadamente. Las palabras del Rey se han convertido en un problema. Hugo Chávez las ha sacado de contexto y las ha utilizado para amenazar e insultar a España un día sí, y el otro también. El “¿por qué no te callas?” ha sido la munición perfecta para demonizar a España mientras se convencía a la población venezolana de que votara ‘sí’ en la reforma constitucional que le permitiría perpetuarse en el poder.
Por otro lado, el juez que dictó sentencia sobre el 11-M volvió a estar de actualidad, pero esta vez no por méritos propios. La mujer de Javier Gómez Bermúdez, la Bermuda, suscitó la polémica al publicar un libro que revelaba secretos de alcoba sobre el macrojuicio del 11-M. El oportunismo de Elisa Beni no hace más que manchar la imagen de una sentencia que ha sido ejemplar y clara. Bueno… para algunos no. Hay veces que una mentira repetida muchas veces no se hace realidad, menos mal. Que “la ETA” había sido la autora del mayor atentado de la historia de España fue una mentira que había que sostener de cualquier forma hasta sus últimas consecuencias. No se podía recular lo más mínimo. Lo peor de todo es que se han lucrado con ella. Han hecho caja lanzándola a los cuatro vientos mediante páginas de periódicos que explicaban la mentira por fascículos, y mediante cadenas de radio donde oradores, nada católicos, escupían (y escupen) hirientes plegarias mañaneras. Después de todo, lo más sensato habría sido pedir disculpas… Lo dicho, sin recular lo más mínimo.
Lamentablemente en este país se cuestionan con demasiada frecuencia las decisiones judiciales y las actuaciones policiales. Las reglas de juego se saltan peligrosamente a la torera. La palabra de los jueces parece que importa poco. ¿Qué es un juez en este país? Nada. Acojonante.
El tiempo es una memoria que olvida, deteriora y destruye los recuerdos poco a poco. Es el mejor maestro, pero nos mata lentamente.
lluvia8acida@hotmail.com
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